sábado, 28 de septiembre de 2013

António Ramos Rosa





Hace unos días nos dejó António Ramos Rosa (1924-2013), gran poeta y dibujante portugués, autor de una de las poéticas más extensas e influyentes de la poesía portuguesa contemporánea, con casi un centenar de libros publicados. Una entrega radical a la escritura que reflejó magistralmente en sus versos: “El día es alto cuando en la mesa nada espera que no sea poesía”. Parte de su temática giraba en torno a la metapoesía. Poeta de las imágenes y los gestos, Ramos Rosa encarnó a través de la palabra la alegría de vivir de un instante hecho símbolo. Nos deja una escritura de tono epidérmico, en contacto profundo con las cosas.  

 

 
Apreender com as palavras a substância mais nocturna

 
Apreender com as palavras a substância mais nocturna

é o mesmo que povoar o deserto

com a própria substância do deserto

Há que voltar atrás e viver a sombra

enquanto a palavra não existe

ou enquanto ela é um poço ou um coágulo do tempo

ou um cântaro voltado para a sua própria sede

Talvez então no opaco encontremos a vértebra inicial

para que possamos coincidir com um gesto do universo

e ser a culminação da densidade

Só assim as palavras serão o fruto da sombra

e já não do espelho ou de torres de fumo

e como antenas de fogo nas gretas do olvido

serão inicialmente matéria fiel à matéria

 

© António Ramos Rosa

 

 
Aprehender con las palabras la substancia más nocturna

 

Aprehender con las palabras la substancia más nocturna

es igual que poblar el desierto

con la misma sustancia del desierto

Hay que volver atrás y vivir la sombra

mientras la palabra no existe

o mientras es un pozo o un coágulo del tiempo

o un cántaro vuelto hacia su propia sed.

Tal vez entonces en lo opaco encontremos la vértebra inicial

para que podamos coincidir con un gesto del universo

y ser la culminación de la densidad

Sólo así las palabras serán el fruto de la sombra

y ya no del espejo o de torres de humo

y como antenas de fuego en las grietas del olvido

serán inicialmente materia fiel a la materia

 

                                               ©Traducción: Verónica Aranda


miércoles, 25 de septiembre de 2013

Ray Bradbury, Vivo en lo invisible



Reseña: RAY BRADBURY, Vivo en lo invisible. Nuevos poemas escogidos. Traducción de Ariadna G. García y Ruth Guajardo (Salto de página, Madrid, 2013)

                                                                                 
Es la primera vez que se publica en España un libro de poemas del recientemente fallecido Ray Bradbury. Este escritor autodidacta nacido en 1920, maestro de la ciencia ficción y de la fantasía con obras imprescindibles como Crónicas marcianas y Fahrenheit 451, cultivó también la poesía durante toda su vida.
Vivo en lo invisible (Páginas de espuma, 2013) recopila poemas escritos entre 1953 y 2002, que ofrecen un mosaico representativo del concepto estético y filosófico del autor de Illinois y sus máximas a la hora de crear: “Mezclar la diversidad de verdades, lo ininteligible y lo luminoso.” Sin duda, una poética que quiere abarcar el universo, descifrando sus pequeños enigmas. Muchos poemas del libro ahondan en la metapoesía, y ese ansia de conocimiento, de anotar cada instante vivido hacen de Bradbury un poeta que escribe con avidez existencial, como forma de salvación: “Mi única tarea es apuntarlo todo/ antes de que esas malditas cosas me ahoguen de alegría/ o me metan en una caja para esa larga noche que no tiene final.” Todo ello impregna su poética de cierto realismo épico.
Una de las características de la poesía norteamericana que también percibimos en Ray Bradbury es el considerar el universo entero como una extensión del individuo, hasta donde puede alcanzar su pensamiento. Desde la quietud de lo contemplativo, el poeta puede trasladarse a planetas distantes sin perder el sentido de pertenencia a ese fragmento de universo, percibiéndolo también sensorialmente.
A medida que nos vamos adentrando en el poemario, nos sorprende la variedad temática del autor americano, cuyo punto de partida es lo doméstico, sirviéndose de metáforas muy visuales-poemas dedicados a su mujer Maggie y a sus hijos, un recuerdo a su padre, el tedio de un domingo en Dublín o la ducha como lugar idílico para llorar-debatiéndose muchas veces entre la introspección y lo colectivo, sin eludir el compromiso social. Asimismo, abundan los poemas con referencias culturales sobre el arte, la ciencia o los diálogos con obras literarias, como los que dedica a Shakespeare, Melville y H.G Wells, sus escritores de cabecera. Pero sus grandes temas serán la identidad, Dios (en forma de panteísmo), el paso del tiempo, el deseo de permanencia y la madurez, en los que convergen diferentes tiempos y espacios, algo característico de la faceta lúcida de Ray Bradbury, llena de juegos y desplazamientos. A través de un humor ácido, plasma en algunos textos la mortalidad inevitable del ser humano: “Ojalá hubiésemos sido más altos/ y hubiésemos tocado el puño de la camisa de Dios, su dobladillo,/ no tendríamos que dormir y partir/ con los que ya se fueron."
Mención aparte merece la métrica y rima de los poemas, sobre las que el autor norteamericano ejerció un gran dominio, desde el verso libre hasta el alejandrino consonántico, creando un estilo a veces descuidado, otras hermético o surrealista, fruto de esa escritura enfebrecida, entre la memoria y el subconsciente. Leer los textos en voz alta es un ejercicio de pura musicalidad. Con buen criterio, las traductoras del libro, Ariadna G. García y Ruth Guajardo, han optado por prescindir de la métrica Bradburiana en la traducción, salvo algunos endecasílabos y heptasílabos en determinados pasajes, logrando una versión en castellano muy fluida; tarea nada fácil. Los lectores de la prosa de Bradbury o los que se acerquen a su obra por primera vez, tendrán entre sus manos a un autor que “en cada verso aletea vida”, como mencionan las traductoras en el ilustrativo prólogo; a un poeta que no bajó nunca la guardia, porque “uno tiene que mantenerse borracho de escritura para que la realidad no lo aniquile”.

                                                                                                          Verónica Aranda
Un poema del libro:
Poema escrito al saber que Shakespeare y Cervantes murieron el mismo día


El gran Shakespeare ha desaparecido, Cervantes se ha marchado.
El sol se oculta al mediodía. La aurora
se niega a clarear. El tiempo contiene la respiración
ante esta coincidencia mortal.
¿Es posible? Así es,
estos dioses gemelos se dirigen a la oscuridad.
¡Los dos el mismo día! Nada puede impedir la recogida
de su cosecha.
Cada uno en su campo, tanto brillaban
que con su resplandor ahuyentaban la noche.
Pero la noche vuelve a por sus deudas.
¿Un chorro fantasmagórico? ¡No! Arponea dos.
Sin el primero, el mundo desfallece.
Sin el segundo, pierde el equilibrio.
Dos ataques simultáneos de cometas.
Para empezar, en España, después en la mejilla de Inglaterra.
El orbe gira mudo de temor y de angustia.
La Antártida se derrite en lágrimas,
y los espectros de los Césares resurgen, cobran vida,
sangrando por sus ojos Amazonas.
Ha acabado una época. Pero debemos
seguir siendo testigos de este día
en que un Dios ignorante nos ha dejado solos
acabando con Will y con su clon hispano.
Quién se atreverá a valorar sus plumas.
No veremos otra vez a semejantes gemelos.
¿Se ha diluido Shakespeare, falleció Cervantes?
Los caminos divinos son sangrantes.
Se ha extinguido la luz, no queda barro.
Dos titanes perdidos en un día, destruidos
por el certero golpe de la muerte.
Cristo abre sus heridas. Dios suspende su aliento.
Y nosotros nos tambaleamos por esta doble caída.
Nos sobrecoge la inmensidad del día
como si un tribunal de soberanos,
de los emperadores a los reyes,
un desfile de rica realeza
se ahogara en la obscenidad del tiempo.
Quién ordenó que dos gigantes mueran.
Un ojo primero seguido del otro.
Dios cerró un gran sueño, después el más grande.
¿No tenía suficiente con uno? Parece que no.
Ese vacío estaría medio lleno, si solo Shakespeare
se hubiese arrodillado ante el revólver de la puesta de sol.
Pero con lamentos primero y risas después,
Dios cogió y rellenó la segunda mitad.
Cervantes atravesó el umbral
hasta el corazón rebosante del Cometa.
Dios arrojó a los dos, estrellas geminadas cuyo fuego
alumbró ballenas y hermosas criaturas de alquiler
a quienes suplicamos, muchos años después, que nos conduzcan
a donde la pareja Cervantes y Shakespeare oculta
¿su caída? Ecos amortiguados en Escena,
y aún rumiamos nuestra indignación
por dónde está el sentido en todo esto,
perdimos las dos manos, la derecha y la izquierda,
las dos juntas aplaudían
a Dios y a la Causa Primera Universal.
¿Pero Cervantes y el Bardo, cubiertos de frío,
son dos sueños salvajes en un molde de tierra?
Que todos los ecos fluyan en mareas
adonde los cometas son sus prometidas en flor,
y Cervantes y el obsceno Will
combaten arduamente los molinos por nuestras esperanzas
y nos despiertan en mitad de la pesadilla
para que gritemos: ¿Quijote, Hamlet, muertos?
¿En el mismo día? ¡Largo, fuera de aquí!
No admito tales funerales.
Rechazo sus tumbas, sus lápidas.
Prestadme sus libros, mostradme a su Musa.
Hacia el final del día, o como tarde, de la semana
conseguiré que Cervantes/Shakespeare hablen
hasta que mi corazón rebose, mi cabeza se llene
¿de qué? Buen Don Quijote. Estupendo Lear. No estáis muertos. ¡Que no!



martes, 17 de septiembre de 2013

Un poema de Adília Lopes

                                                           Noche estrellada sobre el Ródano, Van Gogh

Un poema de ADÍLIA LOPES (Lisboa, 1960), una de las voces más originales de la poesía portuguesa actual, siendo la representante principal de la llamada Generación de los 80. Su poesía trata con humor y auto-ironía temas cotidianos desde una perspectiva feminista, a través de un estilo coloquial lleno de juegos de palabras, juegos fonéticos y asociaciones libres.

A PROPÓSITO DE ESTRELAS

Não sei se me interessei pelo rapaz
por ele se interessar por estrelas
se me interessei por estrelas por me interessar
pelo rapaz hoje quando penso no rapaz
penso em estrelas e quando penso em estrelas
penso no rapaz como me parece
que me vou ocupar com as estrelas
até ao fim dos meus dias parece-me que
não vou deixar de me interessar pelo rapaz
até ao fim dos meus dias
nunca saberei se me interesso por estrelas
se me interesso por um rapaz que se interessa
por estrelas já não me lembro
se vi primeiro as estrelas
se vi primeiro o rapaz
se quando vi o rapaz vi as estrelas

© Adília Lopes              


 A PROPÓSITO DE ESTRELLAS

No sé si me interesé por el chico
porque se interesaba por las estrellas
si me interesé por las estrellas por interesarme
por el chico hoy cuando pienso en el chico
pienso en las estrellas y cuando pienso en las estrellas
pienso en el chico como me parece
que me voy a ocupar con las estrellas
hasta el fin de mis días
me parece que nunca voy a dejar de interesarme por el chico
hasta el fin de mis días
nunca sabré si me intereso por las estrellas
si me intereso por un chico que se interesa
por las estrellas ya no me acuerdo
si vi primero las estrellas
si vi primero al chico
si cuando vi al chico vi las estrellas.

                                                                       © Traducción: Verónica Aranda

viernes, 23 de agosto de 2013

Viaje poético por Finlandia, La guerra de invierno

                     

                             






La guerra de invierno, publicado recientemente en Hiperión, es un buen ejemplo de poesía de viajes. Su autora, Ariadna G. Garcia, propone un viaje por Finlandia, donde la nieve cobra protagonismo e imprime en los poemas un mosaico de silencios y memoria. En esta travesía hasta el Círculo polar recorreremos puertos, bosques, catedrales, saunas, lagos y tendremos la sensación onírica de deslizarnos en trineo. Es el tiempo del hielo, y los paisajes visitados se contemplan bajo su capa de blancura. Ariadna detiene con la palabra poética el presente para que permanezca, defiende cada instante desde la experiencia compartida y lo colma de plasticidad. Una lectura poética de lo más refrescante para este verano.
Os dejo un poema del libro:

                                                                      
Catedral luterana de Turku

Es el ciclo anual de muerte y vida
de la naturaleza.
Grandes bloques de hielo
están bajando el río lentamente.
Tú y yo nos abrazamos
aquí, en este rincón nevado,
junto a una puerta entornada
de la catedral.
Su piedra es resistencia
frente al tiempo,
memoria respirable,

Dentro suena
el clamor de un coro,
un ejército de voces
que atraviesa los siglos.
Es el Réquiem de Mozart.
Flota ingrávido, fiero.
No acaricia la luz.
Golpea el aire.
Suplica permanencia.

Nuestros besos,
hondos y apasionados,
también buscan
el infinito,
detener este instante,
suspenderlo, clavarlo.

Grandes bloques de hielo
están bajando el río
sin descanso.

            Ariadna G. Garcia, La guerra de invierno, Hiperión, 2013
            ( Premio internacional de poesía Miguel Hernández)

martes, 20 de agosto de 2013

Poema estival 2

                                                                                    Foto: Alicia Andrés

Na periferia da manhã, levemente adiada

  
Na periferia da manhã, levemente adiada,
improviso uma ilha.
Tão nua como páginas em branco.
E concedo-me o direito de esperar Ulisses.
A minha fronte marcada com palavras sem destino.

                                                                Graça Pires

En la periferia de la mañana, levemente aplazada

En la periferia de la mañana, levemente aplazada,
improviso una isla.
Tan desnuda como páginas en blanco.
Y me concedo el derecho de esperar a Ulises.
Mi frente marcada con palabras sin destino.


                                       Traducción: Verónica Aranda

miércoles, 14 de agosto de 2013

Poema estival de Maria do Rosário Pedreira

 
Campos de trigo y amapolas, Vincent Van Gogh



Hay poemas que solo podrían leerse en verano, bajo sus vientos cálidos, cuando la luz de la tarde da en el heno, en ese tiempo propenso a lecturas y paraísos de infancia en los que la palabra cobra la dimensión de las espigas. Aquí os dejo un poema que es el ESTÍO, de Maria do Rosário Pedreira, una de las voces más
interesantes de la poesía portuguesa actual.



Do verão

Do verão, diria uma planície lenta, quase amarela: o trigo
a enrolar-se nos pés, o oiro do sol, os cabelos
mais loiros. Um vento quente e ondulante sibilando
nas frestas de um celeiro. O fumo sonolento do calor
tornando informe o fio do horizonte. Do verão

diria também um tempo espesso onde todos
os acasos são sofríveis: duas papoilas, vermelho-sangue,
agitam a paisagem. Tu chegas e a minha pele chama-te
sete nomes em surdina. É a luz da tarde que faz o fulgor
dos fenos e aquece a roupa que abandonou o corpo
sem perguntas. As mãos podem então dar-se
todos os recados. E amanhã ninguém sabe. Fica

apenas um punhado de espigas quebradas sobre a planície
lenta; amarela, digo: as papoilas, entretanto, voaram.

                                               © Maria do Rosário Pedreira,
                                         Poesia reunida, Quetzal, Lisboa, 2012

Del verano

Del verano, diría una planicie lenta, casi amarilla: el trigo
enredándose en los pies, el oro del sol, los cabellos
más rubios. Un viento caliente y ondulante silbando
en las grietas de un granero. El humo somnoliento del calor
volviendo informe la línea del  horizonte. Del verano

diría también un tiempo espeso donde todos
los azares son aceptables: dos amapolas, rojo sangre,
agitan el paisaje. Tú llegas y mi piel te llama
siete nombres en sordina. Es la luz de la tarde la que da fulgor
al heno y calienta la ropa que abandonó el cuerpo
sin preguntas. Entonces las manos pueden darse
todos los recados. Y mañana nadie sabe. Queda

apenas un puñado de espigas rotas sobre la planicie
lenta; digo, amarilla: las amapolas, entretanto, volaron.  

                                        © Traducción: Verónica Aranda

viernes, 9 de agosto de 2013

Essaouira

Foto: Alicia Andrés






                      Essaouira
           
            Sobre las azoteas: desaliento,
            y toda la ciudad luz de salitre
            bajo el trance de músicas gnauas,     
            los tambores tribales y la noche de junio.


No te  pude ofrecer más que la incertidumbre.
Para llegar aquí crucé paisajes
con árboles de argán. Graznan gaviotas
por las torres del viejo Mogador.


El viento tras las últimas murallas
            trae un olor a mar y entrañas de pescado.

                                                   Verónica Aranda
                                       De Café Hafa, Tres Fronteras, 2012