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martes, 19 de noviembre de 2019
domingo, 14 de mayo de 2017
Presentación de Mercedes Roffé y Clarissa Macedo en Madrid
El jueves, 18 de mayo, a las 19h, se presentan los dos nuevos poemarios (7 y 8) de la colección "Toda la noche se oyeron. Poesía latinoamericana de ahora" de la editorial Polibea.
Los libros son "Las liternas flotantes", de Mercedes Roffé, una de las voces de la poesía argentina actual con mayor reconocimiento internacional, y "En la pata del caballo hay siete abismos", de la joven poeta brasileña Clarissa Macedo (traducido por Verónica Aranda), con el que recibió el Premio nacional de la Academia de las letras de Bahía.
Lugar: Librería Los Editores. C/ Gurtubay, 5. Madrid (zona: Retiro), 19.00h
Un poema de Mercedes Roffé:
IV.
Sueña el grano que ya es espiga dorada
y sueña el niño que es hombre
sueña el mal que pasa inadvertido
y el bien que juega una partida y gana
Sueña el rocío que ya es el mar profundo
y la pepita de oro en el agua que es fíbula y ajorca
La raíz sueña que es rama, que un pájaro hace nido en ella
y la nube que es lluvia ya y que penetra la fresca
aspereza de la grama
equipara
el día y la noche
lo que será y lo que ha sido
lo que vendrá y el origen
sereno de las cosas
tumulto y paz
convulsión y mar calma
la realidad se ofusca en el retorno
vórtice-tiempo
vórtice
donde se arrebuja el alma
la Realidad
la Joya
el velo de cristales sobre la cara
recóndita de las cosas su
hora naciente
Sol
vórtice-luz
vórtice-palabra
vorágine suspendida
disolución
disolución
3000 bombas
3000 bombas
3000 bombas en un fin de semana
cuántas caras
cuántas manos
cuántas piernas
cuántos velos-vendas pegados a la piel ardida
cuántas piedras sobre piedras arrancadas
cuántas vidas arrancadas de la vida.
Sete abismos
A alma relincha
na estrebaria.
Macho de cavalo
que galopa trovas
do pensamento,
engole as águas
de pasto e de feno.
Há terror nos ventos
do cavalo magoado,
que perdido rompe,
alado, as trincheiras
e cai como anjo
de tormento.
Há éguas rondando
pratos de esquecimento.
Há rodas e correias
na carruagem violenta.
Naquela crina
de ferraduras negras
um cavalo
de patas ralas:
Os sete abismos da vida.
Siete abismos
Relincha el alma
en la caballeriza.
Caballo macho
que galopa trovas
del pensamiento,
engulle las aguas
de pasto y de heno.
Hay terror en los vientos
del caballo herido,
que rompe, perdido,
alado, las trincheras
y cae cual ángel
de tormento.
Hay yeguas rondando
platos de olvido.
Hay ruedas y correas
en el carruaje violento.
En aquella crin
de herraduras negras
un caballo
de patas ralas:
Los siete abismos de la vida.
© Traducción: Verónica
Aranda
miércoles, 1 de abril de 2015
Foto poema de Juliana Corbelli (Argentina)
La última pata
“La belleza se manifiesta con una leve asimetría en
las proporciones” (Leonardo Da Vinci)
“Toda espiral provoca una ley de crecimiento” (La
divina proporción, Ghyka)
(Fotografía tomada en la casa del escritor Haroldo Conti)
Un día de estos un buen día de estos la
susodicha se evidencia cierta mejor necesaria precisa ¡Qué va! Se pone pésima
pese al perdón de pensar que no tanto puede incluso que nadie ni idea ni
hablar. No porque muy de mañana es más tarde mejor dicho Mengana la mayor parte
de llegar a ser lo que se dice la única parte la manera en que jamás.
Igualmente hace falta hace poco. Fulana,
gracias generalmente están en contra del esto es es más del érase una vez y
enseguida se echa a donde quiera que ¿desde cuándo? Desde hace rato desde luego
de un momento a otro de una vez por todas de acuerdo. ¿Da algo? Creer que sí de
súbito considerando que como mucho casi nunca bueno bastantes veces alrededor
de alguien algo más se alegra de algo ahí. Acaba de ver si a la Harolda a
fuerza de intrepidez trastoca la maniobra a las potencias sucesivas permanecerá
se extenderá hacia lo insospechado en lugar de despojarse de su propia tierra
Harolda, la divina proporción.
© Juliana Corbelli
miércoles, 21 de enero de 2015
Sátiras del terror, Gladys López Pianesi
Desde Rosario (Argentina), me ha llegado este poema de Gladys López Pianesi, en protesta por los atentados de París.
Sátiras del terror
Cuando las caricaturas son explosivas
Cuando los crayones pierden el humor
Cuando las sátiras asumen poder letal
Rogamos por el fin de esta guerra
Cuando la violencia rompe el equilibrio
Cuando mueren hombres dibujantes
Cuando la libertad de opinión juega
Pedimos el fin de esta guerra. La Paz
La tour Effeil esta oscura, invisible
El mundo movido por otro atentado
Perdimos viñetas y sátiras de humor
Pedimos la Paz, basta de atentados
El símbolo de Paris está de duelo
El mundo y la tour Eiffel están de luto
El semanario destrozado de horror
Pedimos la Paz, el fin de esta guerra.
Basta de muertes...
Basta de luto...Basta de duelos...
Basta de horrores... Discriminaciones
Pedimos…. La Paz…
© Gladys López Pianesi
domingo, 14 de septiembre de 2014
Reseña: Héctor Viel Temperley, Obra completa
Reseña: OBRA COMPLETA, Héctor Viel Temperley
(Amargord Ediciones, Madrid, 2013, 503 páginas, 19,95 euros)
Héctor Viel Temperley (Buenos Aires, 1933-1987) fue un poeta de culto, visionario y excéntrico, que ha influido en las últimas generaciones de poetas argentinos, pero que apenas se le conocía en España, hasta su aparición en la Antología Las ínsulas extrañas (Galaxia Gutenberg, 2002). Ediciones Amargord ha tenido el buen criterio de publicar su Obra completa, compuesta por nueve poemarios-treinta años de poesía- en la colección Trasatlántica, en una cuidada edición a cargo de Juan Soros.
Desde sus primeros libros, Viel Temperley cultivó un misticismo muy personal e innovador (al situarlo también en el espacio urbano), entre el panteísmo (Esta tarde Dios habla/ en los saltos del río) y la invocación a un Dios corpóreo y heterodoxo, con el que tiene una relación de vértigo. De este modo, Temperley siempre nadó contracorriente de los movimientos literarios de su país, Argentina, donde la poesía mística es una rareza, y más en el escéptico siglo XX, salvo contadas excepciones como Jacobo Fijman o algunos poemas de Ricardo Molinari.
Si bien la obra que lo consagró a Temperley las puertas de la muerte fue Hospital Británico, es interesante hacer un recorrido panorámico y cronológico por toda su producción, donde hallamos escalofriantes epifanías de lo que vendría después, y cuyas esquirlas saltarán en Hospital Británico. En sus primeros libros-Poemas con caballos y El Nadador- encontramos influencias lorquianas en el simbolismo metafórico y cierto barroquismo gongorino que irá evolucionando hacia un lenguaje más seco y sobrio, y, a partir de Carta de marear, avanzará con más fuerza hacia el irracionalismo verbal o “mística surrealista”, como la denominó el propio autor. Son poemas cimentados en la contemplación y la revelación de las cosas (a través de símbolos recurrentes como la figura del ángel), que hablan de libertad, de la comunión con la pampa y la naturaleza salvaje del cono sur (Crines y cola ardidas/ y un jinete/ que nada sol/ La pampa con sus huesos), del mar, los espigones y las piscinas. Porque la de Viel Temperley es una poesía tremendamente acuática y de un erotismo febril. La natación era más que un ejercicio diario, una obsesión para el autor y una forma de meditar y alcanzar la plenitud y la trascendencia: “Soy el nadador, Señor, soy el hombre que nada./ Tuyo es mi cuerpo, que hasta en las más bajas/ aguas de los arroyos/ se sostiene vibrante.”. Por tanto, lo corporal se mezcla en todo momento con la mística, y la poesía no deja de ser un territorio codificado de evasión.
Su penúltimo libro, Crawl, de tono salmódico, desembocará en el estado de iluminación de Hospital Británico, uno de los poemarios más singulares de toda la literatura hispanoamericana, compuesto por el poeta argentino tras ser operado de un tumor cerebral en dicho hospital, a las afueras de Buenos Aires. De hecho representa un caso excepcional dentro de la poesía del siglo XX; en palabras de Esperanza López Parada, “Viel es el único poeta que consigue diseñar para su obra su condición de recepción futura, el único que cierra y decide su deriva arriesgadísima, convirtiendo la muerte en un punto de partida”. El autor escribe su propia elegía, con intervalos de dolor y lucidez. El poema inicial del libro, escrito en marzo de 1986 se va disgregando, reordenando, se transportan fragmentos de poemarios anteriores, creando, así, un montaje, un conjunto de postales que son también una alegoría de la intervención quirúrgica. La estremecedora conciencia de la muerte que impregna todo el libro, recuerda, salvando la distancias, a la práctica de los haijin japoneses de escribir su haiku final, casi al filo de la agonía. Al leerlo a viva voz emite una musicalidad poderosa, propia de la más alta poesía.
El texto es la metáfora de una enfermedad, como lo ha denominado Eduardo Milán, produce un efecto físico en el lector y es de una intensidad rarísima. Hay una deslocalización de lo onírico, que se mezcla con imágenes realistas. Junto con la extrañeza se da la unificación del propio cuerpo (“Voy hacia lo que menos conocí en mi vida: voy hacia mi cuerpo”), que conecta con las imágenes de una manera asfixiante, como en los fragmentos titulados “Tengo la cabeza vendada”, donde se anula el tiempo. Eros y tánatos. El diálogo con una entidad suprasensible-Dios-que va neutralizando el dominio de la herida. Un camino de ida y vuelta entre la trascendencia y lo material que sólo podía acabar en epifanía: “El verano en que resucitemos tendrá un molino cerca con un chorro blanquísimo sepultado en la vena.”
PABELLÓN ROSETTO
Soñé que nos hundíamos y que después nadábamos hacia la costa lentamente y que de nuestras sombras de color verde claro huían los tiburones. (1978)
PABELLÓN ROSETTO
Si me enseñaras qué es el verde claro... (1978)
TU ROSTRO
© Verónica Aranda
(Publicado en el blog La tormenta en un vaso. 10/09/2014)
Os dejo unos poemas del mítico Hospital Británico:
Tu Rostro como sangre muy oscura en un plato de tropa, entre cocinas frías y bajo un sol de nieve; Tu Rostro como una conversación entre colmenas con vértigo en la llanura del verano; Tu Rostro como sombra verde y negra con balidos muy cerca de mi aliento y mi revólver; Tu Rostro como sombra verde y negra que desciende al galope, cada tarde, desde una pampa a dos mil metros sobre el nivel del mar; Tu Rostro como arroyos de violetas cayendo lentamente desde gallos de riña; Tu Rostro como arroyos de violetas que empapan de vitrales a un hospital sobre un barranco. (1985)
© Héctor Viel Temperley
miércoles, 27 de noviembre de 2013
Tango en Buenos Aires
Fotos: Alicia Andrés
Meia-Noite de Buenos Aires
Os bailarinos de tango vieram de Mendonza e de Santa Rosa
cada um de sua cidade. Aprenderam o tango entre lixo
e ventanias; há sempre aquele perfume nas ruas
de Buenos Aires, uma luz perigosa que nasce entre Corrientes e Dorrego,
e não desaparece com a chuva. Aprenderam o tango
nas manhãs de domingo, muito cedo, quando os turistas
perguntam pela Plaza de Mayo e seguem encostados às paredes
das velhas casas do bairro. Bandonéon e fuga, aço puro,
contrabaixo, piano forte, aguarelas, dança no meio do fogo,
escondida da luz: eles aprendem com as memórias,
com os falhados, os mortos, os músicos que atravessaram
os átrios, os prédios cobertos de pó, as praças enegrecidas
pelos anos e pela literatura. São bailarinos de tangos;
tu compreendes a música mas só eles entendem a vingança
de cada passo, o silêncio que se faz em seu redor, a meia noite
de Buenos Aires, aquele olhar que não é já um olhar
mas uma ameaça, uma lâmina que aparece em cada mão
para dar brilho às histórias e ao seu passado. É só o tango.
cada um de sua cidade. Aprenderam o tango entre lixo
e ventanias; há sempre aquele perfume nas ruas
de Buenos Aires, uma luz perigosa que nasce entre Corrientes e Dorrego,
e não desaparece com a chuva. Aprenderam o tango
nas manhãs de domingo, muito cedo, quando os turistas
perguntam pela Plaza de Mayo e seguem encostados às paredes
das velhas casas do bairro. Bandonéon e fuga, aço puro,
contrabaixo, piano forte, aguarelas, dança no meio do fogo,
escondida da luz: eles aprendem com as memórias,
com os falhados, os mortos, os músicos que atravessaram
os átrios, os prédios cobertos de pó, as praças enegrecidas
pelos anos e pela literatura. São bailarinos de tangos;
tu compreendes a música mas só eles entendem a vingança
de cada passo, o silêncio que se faz em seu redor, a meia noite
de Buenos Aires, aquele olhar que não é já um olhar
mas uma ameaça, uma lâmina que aparece em cada mão
para dar brilho às histórias e ao seu passado. É só o tango.
© Francisco José Viegas
MEDIANOCHE DE BUENOS AIRES
Los bailarines de tango llegaron de Mendoza y de Santa Rosa,
cada uno de su ciudad. Aprendieron el tango entre basura
y vendavales; siempre está aquel perfume en las calles
de Buenos Aires, una luz peligrosa que nace entre Corrientes y Dorrego,
y no desaparece con la lluvia. Aprendieron el tango
en las mañanas de domingo, muy temprano, cuando los turistas
preguntan por la Plaza de Mayo y siguen apoyados en las paredes
de las viejas casas del barrio. Bandoneón y fuga, acero puro,
contrabajo, pianoforte, acuarelas, danza en medio del fuego,
escondida de la luz: ellos aprenden con las memorias,
con los perdedores, los muertos, los músicos que atravesaron
los atrios, los edificios cubiertos de polvo, las plazas ennegrecidas
por los años y por la literatura. Son bailarines de tango;
tú comprendes la música pero sólo ellos entienden la venganza
de cada paso, el silencio que se forma a su alrededor, la medianoche
de Buenos Aires, aquella mirada que ya no es una mirada
sino una amenaza, una hoja que aparece en cada mano
para dar brillo a las historias y a su pasado. Es sólo el tango.
© Traducción: Verónica Aranda
O TANGO. BUENOS AIRES.
Brigam no meio da rua. Ao passar em San Telmo,
ao fim da manhã, vejo como brigam, corpo
com corpo, ao som de uma música vengativa
que comove os cegos, os que pasam, os que ficam.
© Francisco José Viegas
EL TANGO. BUENOS AIRES
Pelean en medio de la calle. Al pasar por San Telmo,
al final de la mañana, veo como pelean, cuerpo
a cuerpo, al son de una música vengativa
que conmueve a los ciegos, a los que pasan, a los que se quedan.
© Traducción: Verónica Aranda
martes, 8 de octubre de 2013
Iguazú
Iguazú
tierra
roja para llegar a ti.
Tierra
de últimas tribus
para
quedarme en ti. Mientras llovizna
nuestros
cuerpos reposan
y
hay algo redentor sobre la piel mojada.
Trópico
y profecía
donde
la luz se instala terrenal y brumosa.
Podemos
retener su pacto hirviente.
©
Verónica Aranda
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