viernes, 15 de noviembre de 2019

Reseña de "Llamarse nadie" de José Luis Gómez Toré

(Llamarse nadie, José Luis Gómez Toré, editorial Polibea, Madrid, 2019)


LLAMARSE NADIE: Poética de la luz y la plasticidad

                                                                                                              

     José Luis Gómez Toré es una de las voces más sólidas y genuinas de la poesía española contemporánea. Títulos como He heredado la noche (accésit del premio Adonáis 2003), Fragmentos de un cantar de gesta, Un corte que no sangra y Hotel Europa, lo confirman. Además, hay que destacar su importante labor como crítico literario, traductor, dramaturgo y ensayista.
     Llamarse nadie (Polibea, 2019), una antología preparada por el poeta y crítico Óscar Curieses, hace un recorrido por la obra poética de Gómez Toré, que celebra veinte años de creación. La clasificación me parece de lo más acertada, pues no opta por el clásico orden cronológico o temático, si no que el hilo conductor y brújula es el color blanco. Secciones como blanco zinc, blanco lunar, blanco claroscuro, despliegan algunos de los ricos trazos cromáticos y leitmotivs, que revelan la importancia de la luz y de la plasticidad en la poética de J.L, como una forma de contemplar el mundo y de diálogo con la transparencia y con la filosofía zambraniana de Los claros del bosque). Su lírica es indisociable de la filosofía y heredera del simbolismo y del culturalismo alemán.
El blanco, por otro lado, es intervalo, en palabras del autor, “la escritura del poema es una especie de acercamiento, una suerte de cerco a un territorio blanco, un espacio que es y no es el de la vida”
     Además, el hecho de mezclar poemas de distintas épocas hace que sea un libro nuevo. Como señala Curieses, al cambiar de lugar, los poemas alcanzan un significado diferente y una interesante intertextualidad. Por lo que el montaje de una antología tiene similitudes con el montaje y edición del cine y propicia que los textos dialoguen entre sí.  
    En la poesía de José Luis Gómez Toré, convergen Oriente y Occidente, con la apoyatura de símbolos primordiales como la nieve y el pájaro. Para el autor la palabra poética es también una forma de meditación, de contemplar activamente la naturaleza y tener conciencia plena del instante, algo que la acerca al haiku, así como la captación de los pequeños detalles de lo cotidiano que trascienden el espacio sentimental, cobrando un tono elegíaco, donde el claroscuro no es ajeno a lo trágico, y al cauce del legado cultural y de la memoria histórica.
    Estamos ante una poética de trazo delicado y elegante, que practica el despojamiento, aunque que no está exenta de una línea de conciencia crítica, sin ser estrictamente social. Más bien su nomadismo, tiene el don del vuelo y de la mirada empática que construye cartografías colectivas.

                                                                         © Verónica Aranda

Os dejo dos poemas de la antología:

El territorio blanco
Nieve,
no pureza.
Un lugar más doloroso,
aún más extraño que la vida.
Si ello fuera posible.
 

Helado de chocolate
Helado de chocolate
para honrar a los muertos.
La luz casi violenta de la tarde
pesa sobre los hombros,
perturba con su olor
el olvido que empieza.
 
Ella comulga
muy despacio un sabor.
La muerte nada sabe del frío.
Nunca fue tan intenso,
tan lejano,
el olor de las lilas. 

     © José Luis Gómez Toré



martes, 15 de octubre de 2019

Reseña de "Río Mekong. 31 haikus" por Gregorio Muelas Bermúdez


Río Mekong. Haikus, Verónica Aranda (Cartonera Island, colección 31, Tenerife, 2018)

Puedes descargar el libro en el siguiente enlace y hace tu propia edición cartonera:
https://cartoneraisland.files.wordpress.com/2018/12/R%C3%8DO-MEKONG-cartonero.pdf

Verónica Aranda publica su nuevo cuaderno de haikus, Río Mekong, en la Colección 31 de Cartonera Island, una exquisita edición limitada a treinta y un ejemplares donde todas las cubiertas han sido cortadas, pintadas y encuadernadas a mano. Los treinta y un haikus que integran este breve volumen vienen precedidos por un bellísimo sumi-e de Manes Sánchez que ilustra un tramo del caudaloso río que fluye a través de seis países, China, Birmania, Laos, Tailandia, Camboya y Vietnam, hasta desembocar en el mar de la China Meridional.

La poeta madrileña es una amante de la estrofa japonesa y como ya hizo en anteriores entregas, Senda de sauces. 99 haikus (Amargord, 2011) y Lluvias continuas. Ciento un haikus (Polibea, 2014), nos vuelve a deleitar con su delicada escritura, con su sensibilidad, siguiendo el curso del “río de los nueve dragones” desde el comienzo del año:

Sol abrasante.
El músico ciego
susurra ¡feliz año!

Verónica Aranda emprende un viaje iniciático por el caudaloso río donde es testigo del clima cambiante (calor, lluvia, monzón) que caracteriza a esta región del Sureste asiático, y de las sencillas costumbres de sus humildes gentes, pescadores de ostras, antiguos combatientes, vendedoras ancianas, monjes budistas, saltimbanquis. La poeta consigue plasmar los aromas, los colores y el ritmo de vida pausado que dicta el fluido continuo de uno de los ríos más largos del mundo.

Bajo los farolillos
de colores
asan serpientes

En cuanto a la forma, Verónica Aranda se desprende del rígido corsé del “canon occidental” (5-7-5) y opta por una forma oriental, con moras de cuatro a diez sílabas que le permiten captar la salvaje naturaleza de un río rebosante de vida, donde peces (carpas, truchas), flores (lirios, lotos, nenúfares) y barqueros coexisten en armonía.

Los haikus de Verónica Aranda están impregnados del dulce olor de piñas, lichis y mandarinas, de serena espiritualidad, de fuertes contrastes, de aware:

Mediodía.
En pleno arrozal,
unas tumbas.

En conclusión, Verónica Aranda nos ofrece un dibujo realista, vivaz, treinta y un destellos de un mundo flotante.

 Gregorio Muelas Bermúdez
 
 
 
Reseña publicada en el nº 43 de la Gaceta Internacional de Haiku Hojas en la acera