viernes, 30 de mayo de 2014

Reseña de Lluvias continuas por Nuria Ruiz de Viñaspre



                      
                                                    Ilustraciones interiores del libro: Ángel Aragonés

Pról. María Antonia Ortega. Polibea, Madrid, 2014. 82 pp. 10 €

El arte de la contemplación. Entre el asombro y el arrobamiento


                                                                           Nuria Ruiz de Viñaspre
En voz de María Antonia Ortega, el haiku es capaz de abrir una cadena o cordillera de nuevos horizontes en una casa excesivamente amueblada […] ¿existe este exceso en la casa de la Naturaleza?
En manos de la poeta Verónica Aranda y bajo unas deliciosas Lluvias continuas, esta casa se compone de un Camino que nos adentra en un Bosque y nos lleva a una Aldea traspasando la Montaña senderada desde donde contemplar al fin el Mar.
Mano unida a mano un-ida ama-no…

Camino/bosque/aldea/montaña/mar. Todos ellos paisajes dentro de la Naturaleza.
Pues esto es justo lo que hace Aranda. Abrir. Abrir la cremallera del camino en dos. Abrirnos la Naturaleza. Desabrochárnosla con sabia mano unida a mano.

Las hojas que caen sobre otras hojas / se unen. / La lluvia arrasa sobre otra lluvia.

Y así, con Kato Gyodai, se abre este lienzo plegado. La gota que colma el vaso y se une a otra gota. Porque lo análogo se une, pues es ya querencia de versos y moras. Así se abre este libro plegado. Aquí sus alas. Hojas que se pegan con cola a tu cuerpo. Al cuerpo desnudo. Al cuerpo despojado del cuerpo. Al mundo despojado del mundo. A partir de ahí, la esencia. La especia de la esencia. Y contradictoriamente al no-peso de estos versos haikuneados, Aranda demuestra en este libro un gran peso silábico. Y sus sílabas saben a moras —de saber y saborear—. Moras silábicas y moras nacidas como bayas de su bosque, sotobosque de racimos y ramas habitadas.
Un carromato
lleno de moras blancas.
Zumban las avispas.

No podemos dominar el mundo simbólico del lenguaje, es el lenguaje el que suele condicionarnos estando supeditados a él, pero en este libro, la poeta es libre, eminentemente libre y nos muestra con una aparente sencillez de la lengua una realidad más profunda y más amplia que transcurre bajo tierra. La visión más intuitiva de la realidad. Una realidad que discurre debajo de la tierra que hay debajo de la tierra de la realidad primera. Es el suyo un lenguaje sencillo, sí, pero muy trabajado, depurado, un lenguaje que atraviesa túneles para llegar al mundo de la contemplación. Aranda no impone en este libro, solo muestra. Comunica. Nos comunica.
En "Camino", Aranda se llena de junios y agostos estacionarios. Se estaciona. Se huele a polvo caliente. Un carromato que cruza. Ella se impregna del camino, no en el camino. Y lo hace de tal modo que se convierte sin saberlo en la propia senda. Es la senda la que nos habla y nos describe con una belleza prodigiosa lo que encuentra en sus orillas. Olores sabores tactos... Los cinco sentidos consentidos. Piñas viento chopos sandías manzanos ríos juncos juncos juncos. La vida nace a cada paso. La fruta cae pues la lluvia continua es la mayor parturienta del mundo. Viaje sin retorno donde ella es el viaje.
Atravesando
groselleros en flor
Luna de agosto.

En "Bosque", la poeta se introduce dentro de un bosque que está dentro de otro bosque. En su otoño dentro del verano. Humedad de helechos sin más hechos que el pasado del Camino. Peces, Hayas, Tilos, Libélulas y truchas que revolotean su ocaso primaveral.
Llega el otoño:
una rama del tilo
amarillea.

En "Aldea", el invierno nos guarece en las casas. Nos embolsa. Y es aquí donde nos muestra la profundidad que hay en la sencillez. Porque aquí todo cuelga. Sencillamente. Cuelgan los ganchos, las lunas, las dalias, cuelga el ocaso… En Aldea, que son todas las casas de Verónica —siendo la poeta un Ave de paso— hay pisadas en Indias, Marruecos y Lisboas ya vividas… Sus cartografíasinteriores (Siempre en camino. / Rastros de cien ciudades/ en mis sandalias.)
Día de invierno.
Del bolsillo del músico
cae una nuez.

En "Montaña", Aranda senderea. Nos trepa a cada paso. Escalones de superación personal. Ella va y viene como el eje de este libro. Como bailan todas sus estaciones. Es como un reloj de sol que gira sobre un mismo eje. Podríamos girar y girar y descubrir invierno donde cae el otoño y verano en primavera… Nada es más importante que nada. La esencia del despojo. Arremolinar el despojo. Tamizarlo para conservar el Ser primero.
Tren de montaña
Una mendiga come
ciruelas verdes.

Y "Mar", "Mar" bien podría ser en todo su conjunto una despedida a estos haikus. Porque el mar es al fin el descanso de sus manos.
Quietud austral:
en la isla reposan
los cormoranes.

Esencia. Cortar ideas. Imágenes. Sensaciones y sabores. Cortar. Cortar. Cortar. Cortar moras. Silábicas bayas. Yuxtaponer escenas como en una película de cine mudo (María Antonia Ortega). Estacionarse desnudo en una estación del año. Bajo la lluvia. Bajo una lluvia continua. La lluvia es el instrumento de medición de Aranda para trascurrir la vida. Las estaciones. La naturaleza. La lluvia es regeneradora y no se para. No se para. No se para. Despojarse de todas las ataduras. Filosofía budista que me trae a la memoria al tan leído, Krisnhamurti.
Si contemplar, que viene de la palabra griega theoría, significa ver, si contemplación es visión, es teoría, Verónica es poeta visionaria, epifánica a veces, manifestada y manifestando. Ella nos propone —si nos propusiera algo, pues ella es abandono en el núcleo natural de la vida—, nos propone, insisto, caminar. Solo Caminar. Caminar Solo. Nos lleva de la piel de la mano por sus recorridos a-solados. Solo el que conoce sin ojos el arte profundo de la contemplación sabe guiarnos más allá de nuestras miradas. Y Aranda tiene tal contacto místico con su Ser -en toda su existencia-, que macera versos inefables.
La poeta se estudia a sí misma. Y estudiarse a sí mismo es olvidarse de sí mismo. Ésa y no otra es la que nos llega. Verónica senderada y despojada de sí misma, desprendida, deja cuerpo y mente a un lado, piel al otro. Al centro, ella sin nada de esto. Un aquí y ahora. Por eso Aranda es la senda silenciosa. El sendero susurrado del agua. El asombro. Creo que es una de las poetas más coherentes con su filosofía de vida. Es la desembocadura pensante de cuanto siente. Es tierra aire agua y fuego también, pues como ya dijo Pizarnik: «El lenguaje silencioso engendra fuego. El silencio se propaga, el silencio es fuego».
Siempre me ha resultado interesante la doble lectura que ha de hacerse del haiku, tal y como lo hizo Verónica cuando expuso el libro. Y es que en la repetición está la clave. En la segunda lectura llega el re-asombro. Lees dos veces meditas dos veces miras dos veces el mundo. Te asombras dos veces. Re-generación del mundo.
Las líneas de Ángel Aragonés, que ilustra el libro junto a Fumie Ito con sus soberbios Ideogramas, se me antoja, o me lleva a las ilustraciones que hizo el francés Jean-Jacques Sempé en aquel bello libro de Patrick Süskind La historia del Señor Sommer.

                                                                         (Publicado en Culturamas, mayo de 2014)

miércoles, 21 de mayo de 2014

Folegandros



                                                                                            © Fotos: Alicia Andrés


     
      FOLEGRANDROS

Las islas solo existen en estío.

¿Cómo será el otoño en Folegandros?

¿Habrá hombres taciturnos bebiendo rakomelo

en café dei viaggiatori?

¿Será el tiempo esa sombra oblicua de las parras

en donde se renueva la quietud?

Se mezclarán los barcos de tres velas

con los aguamaniles,

la nervadura de la buganvilla

por la casa encalada donde acaba el exilio

y da comienzo la raíz del mito.

 

                                               © Verónica Aranda

                                               (Milos-Folegandros)

Silvia Pérez Cruz, Folegandros
https://www.youtube.com/watch?v=5Q2f5SVd_uI

lunes, 12 de mayo de 2014

Pensatorium, Poemas con las crines al viento



RESEÑA: Pensatorium, de Nuria Ruiz de Viñaspre
                                                                                                   
Muchos de los poemarios de Nuria Ruiz de Viñaspre, autora de una amplia y coherente trayectoria, giran en torno a un animal. Si en libros anteriores contemplaba el mundo y establecía analogías a través de los peces místicos o de las vacas, ahora son los caballos los que, a modo de cosmogonía, atraviesan Pensatorium, editado recientemente por La Garúa. El caballo es nobleza y representa la fuerza en su estado irracional. Sus versos emergen con las crines al viento y son energía creadora en estado puro, a la par que imprevisibles. Tan pronto son caballos que giran sobre sí mismos, como alteran el ritmo; ora relinchan y se tensa su musculatura, ora se destensan, adoptando ligereza.
Por otro lado, “Pensatorium” es un lugar de recogimiento, donde la poeta se retira a pensar y hace pensar al lector (No olvidemos que Ruiz de Viñaspre procede de la estirpe de los poetas filósofos). El eje principal sobre el que se vertebra el poemario es el lenguaje y la reflexión en torno al mismo, para acabar llevándonos a lugares “nunca antes pensados”.  Otros ejes son casa-cuerpo-carne-amor, que, como la palabra, juegan a sustituirse, ocultarse y llenar huecos. Porque la poeta también hila ausencias, reflexiona sobre la incomunicación que hiere y, al mismo tiempo, nos alimenta. Sobre el idioma, que no deja de tendernos trampas: nos transmite el hallazgo del gozo/ pero también lo tóxico. El lenguaje es la realidad suprema, pero a través de él nos es imposible alcanzar la verdad universal, expresar lo inefable. Todo es susceptible de cambios, dando resultados irreales, puesto que no dejamos de ser seres dislocados, desplazados de un centro. Son versos transidos de nihilismo: nada cabe en nada y nada duele tanto como el reconocerse sin las desoladas alas desaladas.  
Estamos ante un pesimismo vital de raíz barroca, como neobarroca es la poética de la autora, su ingenio y los recursos que utiliza: paradojas, hiperbaton, adjetivación arcaica o el empleo de la ironía para tomar distancia y aferrarse al lenguaje como una verdad a la que asirse en medio del sin-sentido. “Escribir para no morir”, porque en el envés del lenguaje está su dimensión de ensoñación.
 Los poemas metafísicos se alternan con poemas que nacen como un divertimento y aligeran el tono solemne del libro, como es el caso algunos poemas amorosos: qué rara intimidad/ volver a besar el quicio/ de tu desquiciada boca o los poemas glosados a partir de una cita o guiño a algunos de sus autores de cabecera: Holan, Cioran, Alejandra Pizarnik, T.S. Elliot, Goethe. Ruiz de Viñaspre es una maestra de los juegos de palabras, que aparecen de forma reiterada en sus poemas. Crea neologismos, da vueltas a sus posibilidades fónicas, sus descargas eléctricas, invoca a Bach para traernos toda su dimensión musical. Como el propio pensamiento, entra en espiral, dice contradiciendo. Se sobrevive dentro del caos, la escritura nos ayuda a reinventar más de una certeza. La palabra comienza y acaba en el silencio, de ahí la importancia de las elipsis y de la metapoesía a modo de tratado, a medida que nos adentramos en Pensatorium.
Como dice la poeta gallega Luz Pichel en el brillante prólogo: En el lenguaje y en todas sus opacidades se sobrevive, en el cuerpo, en el giro, en el gesto, en todo ese no ser de la palabra. Hay una fuerza ahí que todo lo salva. De ello da grandes muestras Viñaspre en este libro, empleando ese lenguaje corporal del caballo que tensa la cuerda.

                                                                                                                             Verónica Aranda
                                                               (Publicado el 7/05/2014 en “La tormenta en un vaso")



bienaventurados los cabellos sueltos

de todos los caballos de tus desbocados viajes

viajes que se desplazan de tu centro de caballos sin jinete

a la llanura estéril de mi descaballada urbe

                                                                    ©Nuria Ruiz de Viñaspre

                                                       De Pensatorium, La Garúa, 2014

martes, 22 de abril de 2014

Recital "Poeta en India" en Valladolid


RECITAL POÉTICO SOBRE LA INDIA

 
24/04/2014
Con motivo del Día Internacional del Libro, tendrá lugar en la Casa de la India un recital poético a cargo de la poeta Verónica Aranda, un recorrido por la India, que en su obra representa una opción estética y filosófica, a través de poemarios que ha dedicado exclusivamente a este país como Poeta en India y Cortes de luz , así como poemas inéditos. Los versos se van abriendo para poblarse con los personajes de la realidad cotidiana india: los conductores de rickshaw, las obreras parias, los barberos, los artesanos, el aguador, los mendigos, los niños acróbatas, etc. Son personajes actantes de esta realidad, cruel e ilusoria a la vez, llena de matices y de plasticidad.


Horario: 20.00h
Lugar: Casa de la India. C/Puente Colgante 13. 47007 Valladolid.
Precio: ( Entrada libre hasta completar aforo )
Organizadores: Casa de la India




Juegos de tahúr

 
                        Miré los muros de la vieja Delhi,

sus juegos de tahúr por callejones,

la incertidumbre de los comerciantes.

Se fraguó mi escritura en la oscura trastienda

donde un músico errante

afinaba un sitar. De la extrañeza

al extravío sólo hay siete dunas,

la devoción, sus diosas flotando sobre lotos.

Del extravío al lecho donde asoman las ramas,

pues para adormecerme junto a ti

encadené más de una noche en blanco

en lúdicos vagones de tercera,

un sadhu embadurnado de cenizas

me trazó un mapa astral. La desnudez

se dispersaba por los arrozales.

Llegué indemne al umbral del templo de alabastro,

a la carne asombrada donde se curva el miedo,

a los bazares de la vieja Delhi.

 
                                                            
                                                                                              © Verónica Aranda

                                                                                De Cortes de luz, Rialp, 2010

 

 

 

 

 

martes, 15 de abril de 2014

Nómada




Os dejo un poema 100% nómada de Maria do Rosário Pedreira, una de las voces más genuinas de la poesía portuguesa contemporánea, vinculada a la generación lusa de los 80. De su poesía ha dicho el gran crítico literario Eduardo Prado Coelho, que “sabe tejer, a la manera de Penélope, una inmensa tela de gestos y referencias, objetos y frases, señales y afectos.”  

¡Buenas vacaciones!


                        Nómada,  Maria do Rosário Pedreira

Sentou-se no porto e abriu aos que o escutavam

o seu livro de viagens.

Conhecera as montanhas geladas do norte e atravessara de noite

brancas e densas florestas, acossado pelos ursos. Cruzara

cidades luminosas onde as mulheres tinham cabelos louros,

mas ninguém falava a sua língua; e deixara-se arrastar

pelos ventos até às praias quentes do sul onde ganhou

pele morena e olhos verdes. Depois

instalou-se provisoriamente nas ruínas de um continente velho

onde foi monge, amante, homem letrado, e ensinou às raparigas

de um claustro branco os rudimentos da leitura. E, por fim,

partiu para um dos derradeiros lugares do mundo,

onde o tomaram pelo último marinheiro e o perseguiram.

Perdera deus no seu caminho e voltara atrás.

Havia, enquanto recordava, uma pequena ferida na sua voz:

em nenhum lugar achara ainda o nome da sua casa.



                                                                       © Maria do Rosário Pedreira

                                                                       (Poesia completa, Quetzal, 2012)

                               

                               Nómada

Se sentó en el puerto y abrió para quienes lo escuchaban

su libro de viajes.

Había conocido las montañas heladas del norte y atravesado de noche

blancas y densas selvas, acosado por los osos. Había cruzado

ciudades luminosas donde las mujeres tenían el cabello rubio,

pero nadie hablaba su idioma; y se dejó arrastrar

por los vientos hasta las playas cálidas del sur donde adquirió

piel morena y ojos verdes. Después

se instaló provisionalmente en las ruinas de un viejo continente

donde fue monje, amante, hombre letrado, y enseñó a las niñas

de un claustro blanco los rudimentos de la lectura. Y, por fin,

partió hacia uno de los confines del mundo,

donde lo tomaron por el último marinero y lo persiguieron.

Había perdido a dios en su camino y volvió hacia atrás.

Por lo que recordaba, tenía una pequeña herida en la voz:

en ningún lugar había hallado aún el nombre de su casa.


                                                                      

                                                                      © Traducción: Verónica Aranda

                          (Publicado en el nº 6 de la Revista Aúrea, diciembre de 2013)




lunes, 31 de marzo de 2014

Presentación de "Melancolía y otros pájaros", 4 de abril



Lo primero que llama la atención es el título del libro, Melancolía y otros pájaros. Según la RAE, melancolía significa “tristeza vaga, profunda y sosegada.” Este término, unido a “pájaros”, nos da una idea de la vocación nómada de los relatos de Alicia Andrés, de su espiritualidad. También de la fugacidad del instante, del ansia de libertad. Y de esas atmósferas parten los relatos del libro, algunos de ellos bañados en un halo mítico y situados en el Macondo personal de la autora, una geografía de raíz rural, con un tiempo cíclico que gira en torno a las cosechas. Cada historia parece concebida junto al fuego y nace, como en el haiku, de un aware o asombro fruto de la contemplación de la naturaleza o el entorno. A partir de un pequeño destello que formará después el núcleo del relato, la autora va tejiendo las tramas.
Todos los relatos parten del realismo en su concepción y descripciones, aunque la mayoría son impregnados de una sutil magia a través de la inserción de pequeños elementos que dibujan un misterio esencial. Como en los cuentos de Cortázar, siempre hay paréntesis en la realidad, pequeñas grietas por donde se cuela lo maravilloso. 
                                                                     © Verónica Aranda
(Fragmento del prólogo a Melancolía y otros pájaros, editorial LCK15, 2014)