jueves, 3 de noviembre de 2011

Degustación de haikus, música y té japonés

Os invito a una pequeña degustación de haikus, té verde japones y la música oriental de Elisa Peña, en una de las teterías con más encanto de Madrid, Lfont Mountain. C/ Martín de los Heros, 37 (Metro: Ventura Rodríguez/ Plaza de España). El jueves, 10 de noviembre a las 19:00h

lunes, 10 de octubre de 2011

Intemperie


                                                                                                   

                     
                                                                                               Fotos: Gala
  
    El haiku volvió a sus raíces y recobró su esencia a la intemperie. Viento, árboles frutales, flauta oriental, pájaros. Gracias a todos los que me acompañastéis en el parque del Emir. A todos los que camináis a mi lado por esta senda de sauces.

                       
                           II
                  Sin ataduras
                  tenderse a la intemperie
                  de los cerezos.

                                                     

                                                             Verónica Aranda
                                                   Senda de sauces. 99 haikus (Amargord, 2011)

miércoles, 5 de octubre de 2011

Presentación de Senda de Sauces en Madrid

                                                                                                     Diseño: Paola Maulén

viernes, 30 de septiembre de 2011

"Senda de sauces (99 Haikus)", mi nuevo poemario




PRÓLOGO:            Recortes de eternidad                         Alicia Andrés Ramos

La Senda de Sauces de Verónica Aranda ha de recorrerse descalzo, dispuesto al peregrinaje que todo camino poético requiere, especialmente si este se trenza de haikus, esencia concentrada de la poesía pura. Solo a través de la intuición de la piel podremos percibir un paisaje en el que tierra y alma se confunden durante el ciclo vital de las cuatro estaciones. Cerezos en flor, calima, hojarasca, nieve. La palabra obra el milagro invocando en cada poema los sutiles gestos de una Naturaleza que muda al ritmo de la respiración del lector/viajero.
“No sigas las huellas de los antiguos. Busca lo que ellos buscaron”, predicaba el maestro Matsuo Basho a sus discípulos. Este es el camino creador de Verónica Aranda, una senda despojada de artificios, casi ascética, que discurre cercana a la de los haijin clásicos no solo en los aspectos formales sino también en la humildad de su mirada. Consciente del principio zen que reza que una mota de polvo contiene a la Tierra por entero, la autora detiene su paso ante ínfimos detalles que revelan un sentido de eternidad. El sonido de unas ajorcas, la luz derramada sobre una espiga, una luciérnaga sobre el brocal de un pozo, el rojo sanguíneo de los crisantemos. Cada haiku es el retrato de un instante,  insecto fugaz que rompe la permanencia. Diecisiete sílabas con atmósfera propia que traspasan la frontera del papel escrito para convertirse en una experiencia sensorial. En este libro encontramos poemas que rozan lo pictórico esbozando con tres trazos la escena de un monje desnudo sobre un lecho de lirios o la sangre rodeada de flores de un ciervo herido. Otros son el aroma envolvente de una pipa de kif o el tañido de un oboe que se entrevera en las copas de los pinos y nos seduce a través del oído.  
No obstante, este goce de los sentidos no conduce a un esteticismo vacío. La poeta asume en sus versos que la belleza es una flor contradictoria que hunde sus raíces en praderas y estercoleros.  De la paradoja surgen algunos de los destellos más brillantes de esta senda que Verónica Aranda encierra en poemas esféricos entre cuyos elementos se produce una suerte de catarsis. La deformidad del leproso se mezcla en su escudilla con las flores de hibiscus, un viejo eunuco acuna la vida sin amputar del recién nacido y las cometas sobrevuelan los barrios humildes,  ajenas en su ingenua alegría a la pobreza.
A través del ojo de cerradura de cada poema contemplamos, hipnotizados, la alquimia de estas imágenes. La brevedad del haiku tiñe el poema de incertidumbre. Sus tres versos entablan un diálogo entre lo visible y lo invisible que nos lleva a un territorio liberado del simbolismo del lenguaje. Nuestro peregrinaje por la Senda de Sauces llega aquí a su tramo más intangible. Tras la persiana de palabras se extiende un paisaje donde el silencio es elocuente. El viajero solo dispone del hilo de un poema para comprender un gesto ceremonioso, una noche solitaria, un desasosiego. Estados anímicos que, en ocasiones, se identifican con la Naturaleza que los envuelve. La nieve puede ser incertidumbre y una aurora de Asia la última esperanza. La haijin camina con discreción, sin interponerse entre el poema y nuestra mirada. ¿Qué pesada culpa carga el enfermo sobre su costado? ¿De dónde nacen los desasosiegos que refleja el aljibe? ¿Qué destino aguarda a la niña albina que cruza un campo de colza? Soledad, aislamiento, lejanía. Suenan en el aire las palabras no escritas y el lector ha de prestar oídos a la voz inacabada que desvela el enigma del haiku.
Escribir con esa tinta invisible no es tarea fácil y su aprendizaje forma parte de un camino purificador en el que confluyen vivencia física y espiritual. En este sentido, la más larga travesía puede durar un paso y viceversa. El confucianismo, una de las raíces filosóficas del haiku, afirma que “los peces están hechos para el agua y los hombres para el camino”. El viaje, siempre presente en la obra de Verónica Aranda de uno u otro modo, desgrana en esta vereda la simiente de tierras lejanas. Algunas, como la India, fueron patria temporal de esta poeta en tránsito y su sabor especiado impregna las páginas de este libro. Monzón, cortes de luz, lonja de Goa, niños jugando en lodazales, segadoras con saris descoloridos. En otros haikus resuenan los ecos arábigos de la llamada a la oración o los hammanes de barrio añadiendo fragmentos al mosaico que Senda de sauces despliega ante el viajero.  Partículas poéticas que vibran en el aire cambiante de las estaciones y nos transportan al momento que la poeta recortó con su mirada. Si como decía Octavio Paz en La tradición del haikuviajar no es morir un poco sino ejercitarse en el arte de despedirse para así, ya ligeros, aprender a recibir", es evidente que la poeta ha cultivado este oficio a lo largo de países y años hasta destilar en esta obra la esencia de lo cotidiano. No en vano el haiku es el género del desprendimiento.
De las lluvias constantes de la primavera a la nieve cayendo, copo a copo, haiku a haiku, sobre las páginas del invierno. El ciclo de lectura de estos noventa y nueve poemas siempre recomienza así como las estaciones giran infinitamente sobre los campos. No hay lugar para la nostalgia en el presente continuo de un haiku. Ocurre aquí y ahora, renovándose cada vez que volvemos sobre sus versos. La poeta sabe bien de lo interminable de este viaje y atesora lo único que el tiempo no podrá arrebatarle: instantes.
“Siempre en camino/rastros de cien ciudades/en mis sandalias”



                 Verónica Aranda, Senda de sauces (99 haikus), Ediciones Amargord, Madrid, 2011

miércoles, 3 de agosto de 2011

RYÔKAN

   
                                           Hiroshige
                               

                           
DAIGU RYÔKAN (1758-1831), también llamado “el poeta de la compasión”, fue escriba, haijin, monje zen medicante. Vivía en una pequeña choza al pie de una montaña. Su obra es considerada la síntesis de poesía y conocimiento, un conocimiento del que la palabra puede valer como el silencio. En uno de sus poemas más logrados, el poeta reflexiona sobre su existencia sencilla y aislamiento:

 Mi cabaña está en lo más profundo del bosque,
Cada año las malas hierbas crecen más recias.
Sin noticias de los asuntos del mundo.
A veces el canto lejano de un leñador.
El sol brilla y remiendo mi ropa.
Cuando sale la luna, leo poemas zen.
No tengo nada que deciros amigos mios,
Pero si quereis comprender
dejad de correr tras tantas cosas…


    Transcribo dos haikus de Ryôkan que hacen referiencia al verano:


  Noche de verano.
  La pasé en vela
  contando pulgas.


  Lavo el puchero
  y se mezcla mi ruido
  y el de las ranas.

miércoles, 13 de julio de 2011

LAPIDACIÓN

          
              


        LAPIDACIÓN
  
1er Premio del XXI CONCURSO DE POESÍA “FIESTAS DE SAN JUAN” 2011


Leo la prensa en un viejo café:
            una vez más Irán en el punto de mira,
            en el rostro velado de Sakineh Ashtiani,
            amenazada de lapidación.
            Lapidación, según el diccionario
            es “matar a pedradas,
            género de suplicio usado antiguamente”,
            que se remonta a tiempos primitivos,
            cuando el hombre habitaba las cavernas
            y salía a la caza del bisonte.

            ¿Dónde está aquella Persia de los místicos
            que cantaban al vino?
            ¿Qué fue de aquella Persia que fundó las ciudades,
            inventó el ajedrez, la medicina
            y vio las caravanas de Isfahán
            rebosantes de ambar?
Ni siquiera el Corán
            menciona la palabra lapidar.

            Sakineh fue acusada de adulterio;
            yace hacinada en una celda lúgubre
            al noroeste de Irán.
            99 latigazos
            laceraron su cuerpo.
            El azote precede a la pedrada
            sobre el cuerpo enterrado hasta los hombros.

            ¡Tiren los jueces la primera piedra!
            Hoy todas las mujeres se llaman Sakineh.
            En la carne el impacto de las piedras medianas.
            Las noche de los tiempos en sus rostros informes.
                                                                                              Verónica Aranda

miércoles, 25 de mayo de 2011


    Otro poema de actualidad:  Celso Emilio Ferreiro (1912-1979), un clásico de la literatura galega.


     NON
Si dixese que sí,
que todo está moi ben,
que o mundo está moi bon,
que cada quén é quén...
Conformidá.
Ademiración.
Calar, calar, calar,
e moita precaución.
Si dixese que acaso
as cousas son esí,
porque sí,
veleí,
e non lle demos voltas.
(Si aquíl está enriba
i aquil outro debaixo
é por culpa da vida.
Si algunhos van de porta en porta
cun saco de cinza ás costas
é porque son unhos docas).
Si dixera que sí...
Entón sería o intre
de falar seriamente
da batalla de froles
nas festas do patrón.

Pero non.


      NO
Si dijese que sí,
que todo está muy bien,
que el mundo está muy bueno,
que cada cual es cada cual...
Conformidad.
Admiración.
Callar, callar, callar,
y mucha precaución.
Si dijese que acaso
las cosas son así,
porque sí
y ahí están
y no le demos vueltas.
(Si aquel está arriba
y aquel otro abajo
es por culpa de la vida.
Si algunos van
de puerta en puerta
con un saco
de cenizas a cuestas
es porque son
unos estúpidos)
Si dijera que sí...
Entonces sería el momento
de hablar seriamente
de batallas de flores
en las fiestas del patrón.
Pero no.

           Celso Emilio Ferreiro, Longa noite de pedra, 1962