miércoles, 3 de julio de 2019

Presentación de Río Mekong (31 haikus) en Madrid



1.

Muestra el anciano
sus cicatrices de guerra.
Caen flores de almendro.


2.

Claro fugaz.
El pescador de ostras
contempla la montaña.


3.

Cae la tarde.
El tuc-tuc de los monjes
esquiva a un ciempiés.

           (De Río Mekong, Cartonera Island, Tenerife, 2018)

domingo, 9 de junio de 2019

Firmas de la Editorial Polibea, Feria del Libro de Madrid 2019













KETTY BLANCO ZALDIVAR (Guáimaro, Cuba, 1984)


Cebollas moradas

Él no puede dejar de sangrar,
entonces corre a la cocina
y corta cebollas.
Ella come dulces
hasta que el azúcar se vuelve vértigo,
se esconde para cortar
cebollas.
Ante estas ganas de matar,
corto los bulbos en trozos muy delgados.
Miro el filo del cuchillo. El agua corre.




Days like these

Tendida estoy en el piso
entre cajas, montones de cajas,
desaliñada, flaca y más vieja,
creyéndome la gran protagonista
a la que nadie predijo esta grandeza.
Ratones caminan por encima
y debajo de mi cuello.


Tras un vidrio oscuro

He visto el futuro
con ojos que pedí a los muertos.
Todo amarillo como la bilis,
como una densa niebla donde pintar la rabia.
De allí he surgido.


(Del poemario Quién anda ahí (Polibea. Colección Toda la noche se oyeron, Madrid, 2019).






miércoles, 1 de mayo de 2019

Presentación de Quién anda ahí de Ketty Blanco, en Alcalá de Henares

Siguen las presentaciones del excelente poemario "Quién anda ahí", de la autora cubana, Ketty Blanco Zaldivar ( nº 14 de la colección "Toda la noche se oyeron. poesía latinoamericana de ahora. Editorial Polibea)

El sábado 4 de mayo, estaremos presentándolo en Alcalá de Henares, en El Patio del Quijote, a las 19h. Habrá poesía al aire libre, coloquio con la autora y música cubana maridada con un buen vino. Entrada libre.
#Quiénandaahíkettyblancozaldivar

Os dejo unos poemas del libro, de aperitivo, publicados en la Revista digital La libélula vaga:
http://lalibelulavaga.com/2019/04/30/ketty-blanco-zaldivar-una-densa-niebla-donde-pintar-la-rabia/?fbclid=IwAR0KDWqhpuDtJGokXdN5X0x-SHZY43oqxU7aQy9kHqXZyC0H4U7BOxUbEPU


viernes, 26 de abril de 2019

VI Encuentro Nacional de Haiku, 26 y 27 de abril en Toledo





La luna llena
sobre el frambueso en flor.
Rasgo una carta.

Toda la mañana
contemplando desde el puente
estrellas de mar.

Suena una viola.
Caen las primeras vainas
del castaño.

       Verónica Aranda

  (De "Sin rumbo fijo. Haikus". Premio Luis Feria, Universidad de La Laguna, Tenerife, 2019)

jueves, 18 de abril de 2019

Presentación de Quién anda ahí de Ketty Blanco Zaldivar en Madrid



Acaba de salir el poemario nº 14 de la colección "Toda la noche se oyeron. Poesía latinoamericana de ahora", de la poeta cubana Ketty Blanco Zaldivar.
Se presenta en Madrid, el jueves, 25 de abril, a las 19h en la librería Juan Rulfo. Habrá lectura de poemas, coloquio con la autora y un vino. Todos invitados.

Sobre "Quién anda ahí", escribe Sergio García Zamora en el prólogo:


“Una búsqueda, una íntima indagación, un buceo en la identidad de sí misma como poeta y como mujer, tal es el derrotero que signa la escritura de Quién anda ahí. Se necesita de valentía y sinceridad para enfrentarnos al otro que somos, a los otros que somos. Eso ha hecho Ketty Blanco. Hay una verdadera pureza en el gesto de querer alcanzar su definición como ser humano a través de la poesía. Hay una admirable lucidez en saber al igual que Rimbaud que «yo es otro». Quién sino ella resulta la desconocida que la suplanta. Descubrimos a la par del sujeto lírico que su biografía interior, más que doble, se nos presenta de forma múltiple; como bien cita a la Pizarnik en su defensa: no puede hablar con su voz, sino con sus voces.
Quisiera destacar la capacidad de síntesis en el poema de Ketty Blanco. No creo que sea su intención, ni una marcada voluntad de estilo, sino que es naturaleza en ella, la naturaleza de su escritura; minimalista, pero sin ver en ese minimalismo un valor añadido, sino la natural extensión del texto como cuerpo orgánico y vivo. Es en esos breves poemas donde la ética y la estética de la autora fulgen con mayor nitidez; recobra el pensar y el ser como categorías no privativas únicamente de la filosofía, sino también de la poesía que se apropia del mundo.”

martes, 2 de abril de 2019

Firas Sulaiman, Olvidando









































10.


Reorganizo la escena,
con tenacidad.
Como el muchacho cuya masturbación fue interrumpida por la guerra.



16.

Recolectar muchos fragmentos del viento
para una mujer
en una habitación húmeda
se parece a componer un caballo muerto;
se parece a mí inclinado contra una polvorienta
bicicleta, llorando en algún callejón estrecho.
Reunir muchos fragmentos de
direcciones
para una mujer
que no regresará,
se parece a alguien
mordido por el otoño en una plaza abarrotada





19.

Hay un vacío temblando debajo de la máscara
que no pertenece a nadie

Sangre en la escalera,
no hay asesino, ni asesinado,
solo hay sangre que no se secará


© Firas Sulaiman, Editorial Olifante, Zaragoza, 2019

© Traducción: Verónica Aranda



Firas Sulaiman es un escritor sirio con numerosas publicaciones en árabe, que incluyen seis libros de poesía, dos de ellos recientemente publicados en inglés (Forgetting y Her Mirror is an Unarmed Hunter), un volumen de relatos, dos libros de aforismos, ficción experimental y artículos. Su obra se ha editado en múltiples antologías y revistas literarias. Algunos de sus poemas han sido traducidos al español, inglés, francés, rumano, croata y sueco. En la actualidad reside en Nueva York. 

domingo, 17 de marzo de 2019

Reseña de Dibujar una isla, por Francisco José Martínez Morán en la Revista Paraíso




Verónica Aranda, Dibujar una isla,
MADRID, reino de cordelia, 2017.

Francisco José Martínez Morán


Dibujar una isla, merecedor del XX Premio de Poesía Ciudad de Salamanca y publicado, con una delicadeza encomiable por Reino de Cordelia, es el nuevo libro de la prolífica y siempre sublime Verónica Aranda (Madrid, 1982), autora de una magnífica colección de títulos que pueden contarse ya, sin duda, entre los mejores de su generación.
Ariadna García constataba en su momento, al hilo del libro que ahora también reseñamos (Oculta Lit, a través de la bitácora El rompehielos, 19 de enero de 2018), la forja que de su voz, tan propia, reconocible e hipnótica, había ido realizando Verónica Aranda a lo largo de su larguísima producción poética y la manera en que esos elementos característicos fraguan, como siempre y como nunca, en los poemas que componen su última entrega lírica; y al mismo tiempo, sin suponer una contradicción, un giro importante en su tratamiento de temas y formas. En efecto, Ariadna García acertaba de pleno: sigue, como siempre, encontrando el lector en Dibujar una isla un trabajo honesto y de alta exigencia, perfeccionista y plagado de detalles y sutiles musicalidades, pero también, al unísono, una nueva dimensión interior del verso y sus posibilidades de introspección hasta ahora inédita en Aranda. Estos nuevos caminos, presentes sobre todo en el tramo final del conjunto, resultan sólidos y prometedores, y contrastan, enriqueciéndola en un muy alto grado, con la distintiva sensualidad verbal de la autora. Hay, tal vez, en estas páginas una nueva y fascinante frialdad de lo real cotidiano que, pasada por un filtro simbólico de inusitada potencia, resulta, sencillamente, sobrecogedora.
Dibujar una isla se divide en tres partes. Las dos primeras, un recorrido minucioso por las islas del Egeo y del Jónico, suponen un glorioso, sugerente y logradísimo elogio de la levedad. La poeta construye en ellas un nosotros, no poco narrativo, sobre el que se levanta y gravita una lúcida observación de lo cíclico y de lo necesariamente perecedero. Todo encaja: se produce un viaje a la raíz y sus frutos; las viajeras, que se saben herederas de ese mundo eterno que apenas rozan, se reconocen, a  su vez, temporales y variables: como el mar que circunda todos los territorios, como la piel en el vaivén de los deseos y las frustraciones veladas. De ahí los símbolos cítricos que pueblan los poemas de estas secciones; de ahí los jardines de las villas, los ciruelos, las alcaparras, los pinares, el vino, el paraíso diminuto que se nos describe en versos como los de “Antipaxos” (p. 47), como preludio de un nítido descenso a los infiernos: como en el mito de Perséfone, quizás, fruta para el olvido que apenas fue recuerdo.
El título del libro remite a ricas evocaciones sobre la tarea misma de la escritura: el dibujo requiere de la observación, como la poesía; la isla requiere interioridad, encuentro y desencuentro de tierra y agua, como se requieren papel y tinta. Recordaba Cirlot en su Diccionario de símbolos que Jung hablaba de la isla como un “refugio contra el amenazador asalto del mar inconsciente” (cito según la edición de Siruela de la obra [2001, p. 263]). Hay en los poemas de Aranda refugio y conocimiento compartido, hogar itinerante contra la podredumbre de lo roto. Verónica Aranda teje en estas dos secciones el tapiz de una íntima odisea y traza, por lo tanto, un delicado puente entre la épica personal y la lírica aún no desgastada, pero inminentemente ruinosa, de las protagonistas.
Tras la transición de las islas del Jónico, en las que se intuye, desde el mismo acercamiento en ferry una tormenta irremediable, la simbología de la isla cambia de forma diametral y es la casa, el hogar que debe compartirse, un perfecto exponente de las islas con las que cierra Cirlot la entrada de su Diccionario antes aludida: en paralelo a la sección final (“Dibujar una casa”) encontramos que “[según el hinduismo] la isla se concibe como el punto de fuerza metafísico en el cual se condensan las fuerzas de la inmensa ilógica del océano”, mientras que para la cosmovisión grecolatina simboliza “[la isla] aislamiento, soledad y muerte. La mayor parte de deidades de las islas tienen carácter funerario, como Calipso” (loc. cit.). Huelga decir, así pues, que ambas culturas han influido de manera decisiva en el quehacer poético de Verónica Aranda y que, por ende, este resulta un paso más que lógico en la evolución de su escritura.
Es el momento, en esas páginas finales, de la exploración de dicha confluencia, a través de los versos más sombríos de toda su carrera, pero también, me atrevo a decir, de los más personales y, sin lugar a dudas, turbadores. Y no se conforma aquí Aranda con la inercia del significado direco de la casa convertida en isla y en jaula y en desencanto, sino que crea un enorme catálogo de imágenes (incluso con neologismos en aposición realmente felices, como silencio-arcilla) cercano al surrealismo para delinear con precisión exquisita el fruto malogrado de una isla sin raíz donde la promisión se resuelve en un inventario de lo irrecuperable. Se viaja, así, de la clave alta de las islas griegas (de la fluidez de la natación y del itinerario) a la clave baja, muy baja, de lo detenido y hecho añicos, al testimonio del estigma y del muro.
En definitiva, Dibujar una isla nos ofrece una novedad doble: no solo una magnífica colección de poemas nuevos de Verónica Aranda, sino también un nuevo rumbo en su dicción y una nueva forma de construir sus libros y los poemas que los componen. Estamos de enhorabuena.


(Reseña publicada en el nº14 de la Revista Paraíso, Diputación de Jaén, 2019)

martes, 1 de enero de 2019

  ¡Feliz 2019 para todos!


Día de Año Nuevo

y aún estoy

en este viaje

increíble


         (Issa Kobayashi)