jueves, 30 de octubre de 2014

Víctor Botas, poemas viajeros



La semana pasada se cumplió el XX aniversario de la muerte de Víctor Botas (Oviedo, 1945-1994). Poeta de culto, pertenece a ese tipo de escritores que necesitan una relectura permanente. Cuando entramos en ellos, somos parte activa de ese mundo que construyeron. De Víctor Botas me deslumbró su capacidad para revitalizar el clasicismo y dar una visión contemporánea a los mitos, no exenta de ironía. Su tono elegiaco que ensalza la belleza y la fugacidad del amor, en una superposición de clásicos y territorios íntimos, donde el tiempo corre veloz hacia la muerte. Imágenes visuales, ritmo magistral, pequeños vestigios cotidianos:
Roma
¿Recuerdas una tarde en que te puse flores
granates en el pelo, allá en el Aventino?
Parecías talmente una diosa pagana.
O mejor, una ninfa: la Dafne legendaria
que jamás tuvo Apolo, por obra de los dioses.
Esa tarde aún espera su momento preciso,
temblando en cierta página de un libro ¿Y aquella
noche antigua, su tibieza de estío, rodeados
de faunos y bacantes, de amorcillos inquietos,
en un café de Vía Veneto? ¿La recuerdas? Reías,
reíamos los dos, reíamos como antes
no habíamos reído en nuestras vidas. ¡Oh Dios,
qué sensación maldita de vivir, insoportable, extraña,
de la que nadie me aliviaba! Fue,
fue como si todo, todo, se hubiera ido borrando (el tráfico,
la puerta Pinciana iluminada y ocre, el orgulloso
Excelsior) y tan sólo tú y yo quedáramos en Roma;
solos tú y yo y esa luna tranquila y silenciosa
de todos los amantes, una luna muy pálida y muy grande,
una luna
que también se reía, redonda en su alto cielo cárdeno
y cargado de astros, de estrellas y de dioses,
mil veces más antiguo que el gran cielo de Júpiter.
Solos tú y yo en el mundo, cogidos de la mano
por el Campo dei Fiori. Solos tú y yo en el mundo
por Vía del Babuino, por el Corso, al pie
del viejo arco de Tito, bajo las rotas bóvedas
del Foro de Trajano. Y aquel lento vagar como embrujados
por la villa Borghese o arriba, en el Janículo,
con la ciudad convulsa a nuestros pies,
con la ciudad herida a nuestros pies,
con la ciudad sufriendo a nuestros pies,
adormecida
igual que si acabara de salir
de un ataque epiléptico.
¿Recuerdas todo eso?
También hubo un paseo junto al río: mirábamos
sus aguas que arrastraron graves togas,
cadáveres e imperios,
y batallas y puentes. De uno de ellos te dije: ese
es el puente Emilio, Dafne. ¿Lo recuerdas?
El púrpura del cielo flotará cada día en las colinas
al caer el crepúsculo.
Pero lo más curioso
(lo más curioso, Dafne)
es que nunca estuvimos
tú y yo juntos en Roma.

 

 

Abu-Simbel
Antigua y tan secreta
como los ojos ciegos
del futuro (tendrían
idéntico mirar), le fue poniendo
sobre la frente pálida al sereno
coloso de Ramsés
sus dedos de basalto
la gran noche.
Descendimos entonces
la lenta escalinata, con las manos
ya unidas.
Ahora estoy recordando una sonrisa
y el calor de unos labios en la sombra.
Aeropuerto
Como el árabe aquel
que el otro día estaba,
anacrónico y alto, haciendo cola
para tomar el vuelo
de Londres, y olvidaba
(es posible) las viejas caravanas
y la antigua
libertad del desierto que, no obstante,
su ropa a mí me trajo
a la memoria,
así nosotros
de una manera u otra
nos iremos marchando por la puerta grande
(o quizá pequeñita)
de la muerte.
(Ya sé,
ya sé que me repito; no lo hago
más que para ir acostumbrándome).

jueves, 16 de octubre de 2014

Vasco Gato, dos poemas

                                                                                Foto: Alicia Andrés
VASCO GATO

Nació en Lisboa en 1978. Ha publicado los poemarios Um Mover de Mão (2000), Imo (2003), Lúcifer (2003), A Prisão e Paixão de Egon Schiele (2005), 47 (2005), Omertà (2007), Cerco Voluntário (2009), Rusga (2010), Napule (2011) y A Fábrica (2012). Ha sido incluido en la antología de la nueva poesía portuguesa Años noventa y ahora (2001). Trabaja como traductor.


MÍMICA

Pode a noite doer
se as mãos tocarem a sua própria pureza
e houver um ponto negro ao centro

Quando no pulso
parece crescer uma pequena solidão
como se o espaço se afastasse e de repente
um véu cobrisse
todas as memórias futuras

Pode a noite tremer assim
para que os muros se abram ao meio

Para que a transparência dos gestos
publique essa mímica oculta
antiga intimidade



MÍMICA

Puede doler la noche
si las manos tocaran su propia pureza
y hubiese un punto negro en el centro

Cuando en el pulso
parece crecer una pequeña soledad
como si el espacio se alejase y de repente
un velo cubriese
todas las memorias futuras

Puede la noche así temblar
para que los muros se abran por el medio

Para que la transparencia de los gestos
publique esa mímica oculta
antigua intimidad


REGRAS DO ESQUECIMENTO

Não esqueças sobretudo a armadura
da noite,
a aspereza das estrelas
quando os olhos são recentes
e a gravitação é como um poder
sucinto nas mãos.

Não esqueças sobretudo como os cereais
lavram os campos estafados, destilam
prodígio pelos sulcos da memória,
oferecem-te uma vida maior
em troca do sal
das pálpebras.

Não esqueças sobretudo de olhar devagar.




REGLAS DEL OLVIDO

No olvides sobre todo la armadura
de la noche,
la aspereza de las estrellas
cuando los ojos son jóvenes
y la gravitación es como un poder
sucinto en las manos.

No olvides sobre todo como los cereales
labran los campos cansados, rezuman
prodigio por los surcos de la memoria,
te ofrecen una vida más larga
a cambio de la sal
de los párpados.

No olvides sobre todo mirar despacio.



© Vasco Gato, poemas del libro Imo, Edições Quasi, 2003
© Traducciones: Verónica Aranda
(Publicados en el 1er número de la Revista literaria Sopa de Ornitorrinco, Cosmopoética, Córdoba, 2014)

lunes, 13 de octubre de 2014

Reseña del poemario de Inma Luna, "Divina"



Reseña del poemario: Divina, Inma Luna
(Baile del Sol. 2014. 69 páginas. 12´48 euros).

                                                                                                                 
El manual de La mujer ideal de 1953 que se entregaba en España a las mujeres que hacían el Servicio Social en la Sección Femenina, incluía perlas como: “Las mujeres nunca descubren nada; les falta el talento creador reservado por Dios para inteligencias varoniles”; o “¡No te quejes! No lo satures con problemas insignificantes. Cualquier problema tuyo es un pequeño detalle comparado con lo que él tuvo que pasar.” Dicho manual, impregnado de un ferviente catolicismo y encargado de recuperar “la antigua feminidad”, adoptó las figuras de Isabel la Católica y Santa Teresa de Jesús como símbolos y modelos de conducta.
Divina, el sexto poemario de Inma Luna (Madrid, 1966), poeta y narradora prolífica, es, ante todo, un ajuste de cuentas con ese pasado represor. Entre la ironía y la ira, el yo poético en primera persona, a través de una mirada retrospectiva, lanza una dura crítica a aquel sistema educativo franquista y del tardofranquismo-¡La Sección femenina duró hasta 1977!- que adoctrinaba a la alumnas y a las mujeres españolas para cercenarles cualquier deseo de emancipación, espontaneidad o rebeldía. El objetivo era conducirlas al redil doméstico y extirparles afanes igualitarios, convirtiéndolas en procreadoras y esposas sumisas. “No hay que ser una intelectual”, aconsejaba Pilar Primo de Rivera, fundadora y suma sacerdotisa de la Sección Femenina.  
Divina, según la autora su poemario “más íntimo”, se divide en tres partes. La primera sección, “Párvula en los nueve círculos”, es la más redonda. Trascurre en el internado de monjas donde se educa la protagonista y cuestiona el sentimiento de culpa judeo-cristiano, la hipocresía y la anulación total del cuerpo para centrarse en el espíritu. Los métodos represivos van desdibujando la identidad y el libre albedrío de las alumnas. Se enumeran las “tristezas pedagógicas” y, a veces, la imaginación y la curiosidad infantil son una válvula de escape.
La falta de libertad se siente también en los espacios donde se sitúa el poemario-confesionarios, aulas, capillas, patios de recreo-todos cerrados y asfixiantes, representando un “infierno” donde les iban “inoculando el miedo”, privándoles del aire puro.
La segunda sección es un reencuentro con la muchacha dubitativa “que daba pasos en falso” y con el aislamiento de la adolescencia. El miedo le había “cercenado los deseos”, y los problemas educativos de base como la separación por sexos hacen mella e impiden aprender a relacionarse con el sexo opuesto: “No me dejaban jugar con los chicos/ así que nunca supe/ cómo relacionarme con los hombres./ Mi matrimonio fue un fracaso/ que se gestó en la infancia.”
La recta final del libro cobra intensidad y desgarro. Sobreviene un embarazo no deseado y una boda forzada por las circunstancias. Al final la escritura es la tabla de salvación para trascender la rutina gris. “Escaparse entre las páginas/ era el único modo.”  
Se trata de una poética de claridad de expresión y estilo narrativo. Desde la infancia hasta la madurez, se puede leer como una historia que, más allá de si es o no autobiográfica, es la historia aún no del todo resuelta de la educación y de muchas mujeres en nuestro país. Con un lenguaje sencillo y fresco, lleno de musicalidad, Inma Luna aborda en los poemas cuestiones complejas como la enseñanza religiosa caduca o la liberación de la mujer. Cabe mencionar la originalidad de incorporar este tipo de temáticas a un poemario. Una lectura más que recomendable editada con esmero por el sello canario Baile del Sol, con magníficas ilustraciones en tonos rojos y negros, llenas de simbolismo de Loreto Rodera.

                                                                                          
 
                                                  
                                    
                                      ©
                                      Verónica Aranda
                                    (Reseña publicada en la Tormenta en un vaso, 1/10/14)

 
                  

domingo, 5 de octubre de 2014

Recitales octubre 2014





Jueves, 9 de octubre, 20h: Anti café. Madrid



15 de octubre: Presentación de "Lluvias continuas" en la Libre de barrio. Leganés




miércoles, 1 de octubre de 2014

Homenaje a Ana Gaviera


 
Retomamos el curso poético y, como no podía ser de otro modo, la cita es en Conde Duque, donde vi a Ana Santos por última vez, hace ya un año. Le rendiremos Homenaje  el próximo viernes, 3 de octubre, a las 17.30h, dentro del Festival Poetas por Km2
La muerte de Ana Santos (más conocida como Ana Gaviera) ha sido sin duda una de las noticias literarias más tristes e impactantes de este año. Descendió de la gavia una de las mejores editoras de este país y todos los gavieros nos quedamos un poco huérfanos. Cómo escasean ese tipo de editores que cuidan al autor como si fuera parte de una gran familia. Siempre recordaremos su presencia luminosa. Esa energía desbordante con la que mostraba sus libros e infundía confianza a los poetas. Su fortaleza interior y creatividad sin límites que le llevaba a editar cada libro poniendo su estética personal y su manera casi artesanal de hacer las cosas.
La buena noticia es que su proyecto continúa, y la editorial independiente El Gaviero, que fundó junto a su compañero Pedro J. Miguel un 23 F de 2004, la tripulará ahora su hija, Luna Miguel. La definieron como editorial “bonsai” donde cada libro era concebido como un objeto de arte. 
Tuve la inmensa suerte de formar parte del elenco gaviero con la publicación de Postal de Olvido en 2010 (una bella edición con ilustraciones, dentro de la colección Guairo) y, sobre todo, de conocer a Ana y compartir risas y conversaciones, noches literarias por los bares del Realejo en Granada, actividades culturales en Almería (Ana dinamizó la vida cultural de la ciudad y la feria del libro) o la Feria de poesía de Soria y aquella mañana de llovizna en la que nos acercamos a visitar la tumba de Leonor y el olmo machadiano. Mestre nos dibujó unos peces en el brazo, a modo de tatuaje gaviero.
Queda el legado de esta mujer talentosa y cálida que hacía barcos de papel y soñaba con “navíos, ballenas y caminos inciertos”.  

domingo, 28 de septiembre de 2014

Haigas de otoño





                                                           © Haikus: Verónica Aranda
                                                           De Senda de sauces, Amargord, 2011
   © Ilustraciones: Ángel Aragonés

sábado, 20 de septiembre de 2014

Poema de final de verano

                                                                                                Foto: Alicia Andrés



El silencio meditabundo que precede a octubre, buscar las últimas franjas de calor, el aguacero que nos sorprende al final de la senda, la luz inconfundible de final del verano, que da en la quietud de los patios y se cuela en las grietas de las tinajas...    

 

 
     

                             Nostalgia

 

                         Cuando acaba el estío,

su artificial frescura de aspersores

deja un girasol seco de duda

en esos intervalos de silencio

que tienen los amantes

cuando se observan en el desayuno

y uno de ellos piensa en las tinajas

rebosantes de aceite en algún patio

de su país natal o en ese bosque

donde transcurre un día pasajero.

 

 

                                                                                  © Verónica Aranda

                                                     De Cortes de luz, Madrid, Rialp, 2010