viernes, 12 de diciembre de 2014

Dos poemas de Inês Dias



Hoy traigo a esta bitácora a Inês Dias. Una de las voces más relevantes y sorprendentes de la poesía portuguesa actual, que emergió con fuerza en 2011. Una poética donde se da la ambivalencia de los tiempos y se cruzan pasado y presente.

Inês Dias es poeta y traductora portuguesa. Ha publicado los libros Em Caso de Tempestade Este Jardim Será Encerrado (tea for one, 2011),  In Situ (Língua Morta, 2012) y Um raio ardente e paredes frias (Averno, 2013). Ha traducido, entre otros, a Antonio Hernández: O Mundo Inteiro (Língua Morta, 2012). Es editora de Averno y de la revista Telhados de Vidro

ÁGATA

Foi amor à primeira vista.
Ela tinha nome de pedra preciosa
e, na literalidade dos meus cinco anos,
cabelo em forma de pássaro – negro
asa de corvo.
Era o tempo em que ainda
aprendia com o corpo todo:
uma fractura exposta para entender
o significado da maioria, uma pneumonia
para descobrir a solidão.
Quando ela me cravou um lápis
sob o olho esquerdo, pressenti que a escrita,
grafite fria à flor do sangue,
deixaria marcas para sempre.
Nunca mais nos separámos.
Eu e as palavras,
a Ágata mudou de escola.



ÁGATA

Fue amor a primera vista.
Ella tenía nombre de piedra preciosa
y, en la literalidad de mis cinco años,
el pelo en forma de pájaro-negro
ala de cuervo.
Era la época en la que aún
aprendía con todo el cuerpo:
una fractura expuesta para entender
el significado de la mayoría, una neumonía
para descubrir la soledad.
Cuando ella me clavó un lápiz
bajo el ojo izquierdo, presentí que la escritura,
grafito frío a flor de sangre,
dejaría señales para siempre.
Ya nunca nos separamos.
Las palabras y yo,
Ágata cambió de colegio.




Lei sálica

As mulheres da família sempre
tiveram um jeito quase póstumo
de existir: guardar o lume
em silêncio, comer depois de
servir os outros, morrer primeiro.

Saíam à hora de ponta do destino
para lerem os caminhos perdidos
e coleccionavam a abdicação
em caixinhas de folha, entre bilhetes
caducados ou dentes de infâncias alheias.

Esperavam a vida toda por uma vida
próxima, de alma presa a alfinetes
no vestido preferido para o enterro,
os passos medidos nas suas varandas
a dar para o fim do mundo.

Retomo-lhes às vezes os gestos
neste meu exílio inventado,
mas acaba aqui: vou encher de corpo
a sombra, mesmo que nem tempo
me reste já para a pesar.



Ley sálica

Las mujeres de la familia siempre
tuvieron una forma casi póstuma
de existir: guardar la lumbre
en silencio, comer después de
servir a los demás, morir primero.

Salían a la hora punta del destino
a leer los caminos perdidos
y coleccionaban la abdicación
en cajitas de cartón, entre billetes
caducados o dientes de infancias ajenas.

Toda la vida esperaban una vida
próxima, de alma prendida con alfileres
en el vestido preferido para el entierro,
los pasos medidos en sus balcones
que daban al fin del mundo

A veces, retomo sus gestos
en este exilio mío inventado,
pero acaba aquí: voy a llenar de cuerpo
la sombra, aunque ya ni tiempo
me quede para compadecerla.  


                                                © Poemas: Inês Dias
                                                © Traducciones: Verónica Aranda


miércoles, 3 de diciembre de 2014

Zenobia Camprubí

                                              Joaquín Sorolla, Retrato de Zenobia Camprubí

Zenobia Camprubí toma un tren una tarde de primavera

Me he marchado en silencio
y la tarde de marzo me ha colmado de lilos.
La casa era asfixiante,
Juan Ramón persisistía en el enclaustramiento.
No importa que vivamos cerca de un sanatorio,
hipocondria y jardín delimitan maleza,
tránsito de rosales o neurosis.

Aprendí a viajar sola desde la adolescencia.
Cambié de continente muchas veces,
y busco, desde entonces, luz cobriza,
los paisajes en tránsito que traen olor a leña.

Pienso en vidas ajenas. Contemplo desde el tren
los huertos escondidos donde crecen nogales.
¿Alguien será feliz más allá de esas tapias?
¿Dónde empieza Castilla, sus cimientos sonoros?
En cada viaje en tren me multiplico:
mi otredad son las gárgolas con musgo,
los campos justo antes de la siega.

Se quedó en un boceto mi escritura,
no aspiré a mucho más,
no fijé desde el tren rayos de sol
por los acantilados.
Traduzco algunas noches a Tagore,
busco en su panteismo
ese manglar inmenso donde siempre es verano,
y alguna otra epifánica certeza.

Se ha detenido el tren y lanza carbonilla.
Nací para ordenar una gran obra.
Conocí a Juan Ramón
y llegué al ideal a través de sus versos.
Él cada tarde inventa la nostaljia,
es mirlo de esplendor y frágil dios sediento
que cincela palabras
como quien edifica un templo azul.



                                                                                             © Verónica Aranda

sábado, 15 de noviembre de 2014

Manoel de Barros (1916-2014)

 
 
 


El poeta brasileño, Manoel de Barros (1916-2014), nos dejó el pasado jueves, a los 97 años. Vinculado a la Generación del 45 y al Modernismo brasileño, creó un universo propio-dando la vuelta a la sintaxis- marcado, sobre todo, por neologismos y sinestesias.

Carlos Drummond de Andrade declaró que Manoel de Barros era el mayor poeta vivo de Brasil, con una poesía que no huye de un sustrato ético muy profundo. Sus visiones oníricas en un primer momento, se revelan después muy reales y de una fuerte relación con la tierra.

 
MANOEL DE BARROS

O apanhador de desperdícios

Uso a palavra para compor meus silêncios.
Não gosto das palavras
fatigadas de informar.
Dou mais respeito
às que vivem de barriga no chão
tipo água pedra sapo.
Entendo bem o sotaque das águas.
Dou respeito às coisas desimportantes
e aos seres desimportantes.
Prezo insetos mais que aviões.
Prezo a velocidade
das tartarugas mais que a dos mísseis.
Tenho em mim esse atraso de nascença.
Eu fui aparelhado
para gostar de passarinhos.
Tenho abundância de ser feliz por isso.
Meu quintal é maior do que o mundo.
Sou um apanhador de desperdícios:
Amo os restos
como as boas moscas.
Queria que a minha voz tivesse um formato de canto.
Porque eu não sou da informática:
eu sou da invencionática.
Só uso a palavra para compor meus silêncios.

 

 El recolector de desperdicios

 Uso la palabra para componer mis silencios.
No me gustan las palabras
cansadas de informar.
Respeto más
las que viven con el vientre en el suelo
tipo agua piedra sapo.
Entiendo bien el acento de las aguas.
Respeto las cosas poco importantes
Y a los seres poco importantes.
Aprecio los insectos más que los aviones.
Aprecio la velocidad
de las tortugas más que la de los misiles.
Tengo en mí ese retraso de nacimiento.
Yo fui engendrado
para que me gustasen los pájaros.
Por eso tengo abundancia de felicidad.
Mi patio es mayor que el mundo.
Soy un recolector de desperdicios:
Amo los restos
como las buenas moscas.
Quería que mi voz tuviese un formato de canto.
Porque yo no soy de informática:
soy de invencionática.
Sólo uso la palabra para componer mis silencios.

   
Mundo Pequeno

                 I
O mundo meu é pequeno, Senhor.
Tem um rio e um pouco de árvores.
Nossa casa foi feita de costas para o rio.
Formigas recortam roseiras da avó.
Nos fundos do quintal há um menino e suas latas
maravilhosas.
Todas as coisas deste lugar já estão comprometidas
com aves.
Aqui, se o horizonte enrubesce um pouco, os
besouros pensam que estão no incêndio.
Quando o rio está começando um peixe,
Ele me coisa
Ele me rã
Ele me árvore.
De tarde um velho tocará sua flauta para inverter
os ocasos.


 
Mundo Pequeno

                   I

Mi mundo es pequeño, Señor.
Tiene un río y unos pocos árboles.
Nuestra casa se hizo de espaldas al río.
Hormigas recortan los rosales de la abuela.
Al fondo del patio hay un niño y sus trastos
maravillosos.
Todas las cosas de este lugar ya están comprometidas
con las aves.
Aquí, si el horizonte enrojece un poco, los
escarabajos piensan que están en un incendio.
Cuando el río está empezando un pez,
Él me cosa
Él me rana
Él me árbol.
En la tarde un anciano tocará su flauta para invertir
los ocasos.

                                                © Manoel de Barros
                                              (De “O Livro das Ignorãças”)

                                              © Traducciones: Verónica Aranda



 

lunes, 3 de noviembre de 2014

Recitales noviembre 2014 Colombia





-Jueves, 6 de noviembre, 19:00h: Recital de Poetas internacionales. Homenaje a María Mercedes Carranza. Centro Cultural de Cereté (Colombia)
-Viernes, 7 de noviembre, 11:00h, Presentación de Lluvias continuas en el Centro Cultural de Cereté (Colombia)
-Sábado, 8 de noviembre, 19:00h. Recital de clausura del XXI Encuentro internacional de mujeres poetas. Plazoleta del Centro cultural Raúl Gómez Jattin. Cereté

-Presentación de “Lluvias Continuas” y "Melancolía y otros pájaros" en Alcalá de Henarés (Madrid). Librería Diógenes. Fecha por confirmar. (Diciembre)


jueves, 30 de octubre de 2014

Víctor Botas, poemas viajeros




La semana pasada se cumplió el XX aniversario de la muerte de Víctor Botas (Oviedo, 1945-1994). Poeta de culto, pertenece a ese tipo de escritores que necesitan una relectura permanente. Cuando entramos en ellos, somos parte activa de ese mundo que construyeron. De Víctor Botas me deslumbró su capacidad para revitalizar el clasicismo y dar una visión contemporánea a los mitos, no exenta de ironía. Su tono elegiaco que ensalza la belleza y la fugacidad del amor, en una superposición de clásicos y territorios íntimos, donde el tiempo corre veloz hacia la muerte. Imágenes visuales, ritmo magistral, pequeños vestigios cotidianos:

Roma

¿Recuerdas una tarde en que te puse flores
granates en el pelo, allá en el Aventino?
Parecías talmente una diosa pagana.
O mejor, una ninfa: la Dafne legendaria
que jamás tuvo Apolo, por obra de los dioses.
Esa tarde aún espera su momento preciso,
temblando en cierta página de un libro ¿Y aquella
noche antigua, su tibieza de estío, rodeados
de faunos y bacantes, de amorcillos inquietos,
en un café de Vía Veneto? ¿La recuerdas? Reías,
reíamos los dos, reíamos como antes
no habíamos reído en nuestras vidas. ¡Oh Dios,
qué sensación maldita de vivir, insoportable, extraña,
de la que nadie me aliviaba! Fue,
fue como si todo, todo, se hubiera ido borrando (el tráfico,
la puerta Pinciana iluminada y ocre, el orgulloso
Excelsior) y tan sólo tú y yo quedáramos en Roma;
solos tú y yo y esa luna tranquila y silenciosa
de todos los amantes, una luna muy pálida y muy grande,
una luna
que también se reía, redonda en su alto cielo cárdeno
y cargado de astros, de estrellas y de dioses,
mil veces más antiguo que el gran cielo de Júpiter.
Solos tú y yo en el mundo, cogidos de la mano
por el Campo dei Fiori. Solos tú y yo en el mundo
por Vía del Babuino, por el Corso, al pie
del viejo arco de Tito, bajo las rotas bóvedas
del Foro de Trajano. Y aquel lento vagar como embrujados
por la villa Borghese o arriba, en el Janículo,
con la ciudad convulsa a nuestros pies,
con la ciudad herida a nuestros pies,
con la ciudad sufriendo a nuestros pies,
adormecida
igual que si acabara de salir
de un ataque epiléptico.
¿Recuerdas todo eso?
También hubo un paseo junto al río: mirábamos
sus aguas que arrastraron graves togas,
cadáveres e imperios,
y batallas y puentes. De uno de ellos te dije: ese
es el puente Emilio, Dafne. ¿Lo recuerdas?
El púrpura del cielo flotará cada día en las colinas
al caer el crepúsculo.
Pero lo más curioso
(lo más curioso, Dafne)
es que nunca estuvimos
tú y yo juntos en Roma.

 


 




Abu-Simbel
Antigua y tan secreta
como los ojos ciegos
del futuro (tendrían
idéntico mirar), le fue poniendo
sobre la frente pálida al sereno
coloso de Ramsés
sus dedos de basalto
la gran noche.
Descendimos entonces
la lenta escalinata, con las manos
ya unidas.
Ahora estoy recordando una sonrisa
y el calor de unos labios en la sombra.


Aeropuerto

Como el árabe aquel
que el otro día estaba,
anacrónico y alto, haciendo cola
para tomar el vuelo
de Londres, y olvidaba
(es posible) las viejas caravanas
y la antigua
libertad del desierto que, no obstante,
su ropa a mí me trajo
a la memoria,
así nosotros
de una manera u otra
nos iremos marchando por la puerta grande
(o quizá pequeñita)
de la muerte.
(Ya sé,
ya sé que me repito; no lo hago
más que para ir acostumbrándome).


jueves, 16 de octubre de 2014

Vasco Gato, dos poemas

                                                                                Foto: Alicia Andrés
VASCO GATO

Nació en Lisboa en 1978. Ha publicado los poemarios Um Mover de Mão (2000), Imo (2003), Lúcifer (2003), A Prisão e Paixão de Egon Schiele (2005), 47 (2005), Omertà (2007), Cerco Voluntário (2009), Rusga (2010), Napule (2011) y A Fábrica (2012). Ha sido incluido en la antología de la nueva poesía portuguesa Años noventa y ahora (2001). Trabaja como traductor.


MÍMICA

Pode a noite doer
se as mãos tocarem a sua própria pureza
e houver um ponto negro ao centro

Quando no pulso
parece crescer uma pequena solidão
como se o espaço se afastasse e de repente
um véu cobrisse
todas as memórias futuras

Pode a noite tremer assim
para que os muros se abram ao meio

Para que a transparência dos gestos
publique essa mímica oculta
antiga intimidade



MÍMICA

Puede doler la noche
si las manos tocaran su propia pureza
y hubiese un punto negro en el centro

Cuando en el pulso
parece crecer una pequeña soledad
como si el espacio se alejase y de repente
un velo cubriese
todas las memorias futuras

Puede la noche así temblar
para que los muros se abran por el medio

Para que la transparencia de los gestos
publique esa mímica oculta
antigua intimidad


REGRAS DO ESQUECIMENTO

Não esqueças sobretudo a armadura
da noite,
a aspereza das estrelas
quando os olhos são recentes
e a gravitação é como um poder
sucinto nas mãos.

Não esqueças sobretudo como os cereais
lavram os campos estafados, destilam
prodígio pelos sulcos da memória,
oferecem-te uma vida maior
em troca do sal
das pálpebras.

Não esqueças sobretudo de olhar devagar.




REGLAS DEL OLVIDO

No olvides sobre todo la armadura
de la noche,
la aspereza de las estrellas
cuando los ojos son jóvenes
y la gravitación es como un poder
sucinto en las manos.

No olvides sobre todo como los cereales
labran los campos cansados, rezuman
prodigio por los surcos de la memoria,
te ofrecen una vida más larga
a cambio de la sal
de los párpados.

No olvides sobre todo mirar despacio.



© Vasco Gato, poemas del libro Imo, Edições Quasi, 2003
© Traducciones: Verónica Aranda
(Publicados en el 1er número de la Revista literaria Sopa de Ornitorrinco, Cosmopoética, Córdoba, 2014)