lunes, 7 de noviembre de 2016

La vela y el náufrago, de Zurelys López Amaya


     

       Prólogo:    LA ISLA COTIDIANA



Lanzar la piedra para tocar el infinito o “sumergirse entre caracoles dispersos que respiran la sal de cada día”. El territorio de este poemario es una isla que es paisaje cotidiano y presencia exilios, tránsito, soledad. Puede tornarse asfixiante con sus muros y sus ciénagas. Hay un poso de nostalgia y de síndrome de Estocolmo en esa isla adormecida de la que uno no se puede zafar y siente, al mismo tiempo, deseos de romper la quietud. A pesar de todo, “una isla es la perfecta manera de existir”, su morfología invita a la reflexión, otorga lucidez.


La poesía de Zurelys López Amaya (La Habana, 1967) apela a la colectividad, a un nosotros donde se adhiere de forma sutil el compromiso ante la precariedad y las insuficiencias del día a día. Es un grito hacia adentro. La Habana, el espacio central de los poemas de Zurelys, el núcleo de su isla, es una ciudad “dañada”, en contraste con la mirada de los turistas, donde hay dos monedas distintas y de donde alguna vez salen balseros que se juegan la vida en busca un futuro mejor. El individuo se siente muchas veces incómodo ante la dialéctica de un sistema que determina su destino y sus aspiraciones. El miedo está latente: “Somos salamandras que huyen”. Por los barrios obreros deambulan “transeúntes suicidas” personajes anónimos con los que se alía el yo lírico: el vendedor de mangos, el portero que sueña con aprender el idioma de los perros, los pescadores del Malecón.


La autora cubana nos presenta una poética comprometida con la naturaleza, que se rebela contra los reyes que matan elefantes y se sorprende ante los pequeños milagros y esencias del día a día como esos tallos revividos en la ventana del pintor. Sigue una línea metafísica, influida por el estilo analógico de Fernando Pessoa, que busca las cosas invisibles e intenta encontrar las respuestas y el crecimiento personal en clave simbolista. Asimismo, encontramos subtemas que son una constante en la poesía hispanoamericana escrita por mujeres como la madre o la casa y un estilo narrativo característico de la poesía del Caribe, donde predomina la prosa poética.


La filosofía oriental impregna gran parte del poemario, especialmente el taoísmo, que se presenta como un camino posible de búsqueda, salvación y de “conquistarse uno
mismo”. Siguiendo el concepto de unidad absoluta y al mismo tiempo mutable, el yo poético se siente colaborador de la naturaleza y es parte del círculo que fluye a su alrededor. Muchos versos exhalan sabiduría y, entresacados de los poemas, podrían funcionar perfectamente como aforismos aislados. Pongo dos ejemplos:


El poder de los hombres sobre las cosas pequeñas los convierte en cosas pequeñas.


La ira es como caer y devolver la piedra que te lanzan.


Los versos de Zurelys, condensados e intensos, tienen una enorme capacidad de sugerencia. En palabras del gran poeta y crítico cubano, Roberto Manzano, “entran en la médula misma (de alto carácter emocional) del dolor depositado en el día a día”.




                                                            © Verónica Aranda


(La autora interviene esta tarde en un Coloquio sobre poesía cubana, a las 19.30h en Enclave de Libros



Y el martes, 8 de noviembre, a las 17h, dará una lectura en Salamanca, en el Aula Magna de la Facultad de Filología.


El libro ya está disponible en las siguientes  librerías:

Centro de Arte Moderno. C/ Galileo, 52. Madrid

Enclave de libros. C/ Relatores, 16. Madrid

El Aleph. C/ Ferraz, 22. Madrid

República de las letras. Plaza Chirinos, 6. Córdoba.

O enviando un correo a: maqueta@polibea.com

Precio: 10 euros.



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