domingo, 13 de diciembre de 2015

Festival Poético, 16 de diciembre

Último recital del año, y además benéfico (por el pueblo saharaui), y muy bien acompañada:
¿Os animáis?
 



Os dejo un poema de María Antonia Ortega:
 
EL RETRATO DE MIS PADRES JÓVENES, MI DIOS

Mis padres se doblaron con la luz de la tarde, plegándose como las sillas de lona a rayas del emparrado.
Ah, mis padres eran todavía demasiado jóvenes y bellos para resignarse. Nací de su entusiasmo.
Ahora vuelvo a la casa de mis abuelos, a la Casa del tiempo: su latido todavía como un niño jugando al escondite inglés en la eternidad, intercambiando para su álbum de cromos el paso de las horas por el compás de unos remos. La casa de los abuelos es ahora un arado flotando en el mar. Después de tanto tiempo, ¿me reconocerán, sabrán quién soy, ahora que el huerto está abandonado, y hay en él más pájaros que flores?
Porque no me he reproducido multiplicándome, sino dividiéndome sin fin, sin fin, en círculos concéntricos hacia dentro.
No he vuelto a la casa del padre, sino a la de los abuelos, más lejos todavía.
Quede mi memoria, abuelos, aunque sea de forma efímera, entre las ondas del agua como una corona de flores o un ramo de novia deshaciéndose, y no sobre las huellas del barro seco.
No he dado muerte, no he dado vida, no he dado muerte, no he transmitido la condición mortal; pero este camino es también largo como el de las generaciones, y se refleja en algunos rostros como los padres en los hijos. Escribo poesía, escribo poesía porque he salvado así la vida de mis hijos.



                                           © María Antonia Ortega

                                             De El emparrado (Colección Eme de poesía), Ediciones La Palma, 2014
Este poemario de María Antonia estuvo nominado al Premio Nacional de Poesía en 2015. Es uno de los libros más deslumbrantes que he leído en los últimos tiempos. Por su teoría de la no maternidad, de "desvivirse", por su concepción de la soledad como desarrollo pleno, por el regreso edénico a la infancia y a la tierra, simbolizadas en la casa de sus abuelos, porque la autora ha alcanzado el nirvana con este libro. 

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