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miércoles, 11 de febrero de 2015

Nuevos haikus, Costa Rica


                                                                         Xilografía de Ray Morimura

Os dejo unos haikus inéditos que escribí durante un viaje por los parques naturales y bosques lluviosos de Costa Rica.

1.
Se han desplazado
los narcisos de agua.
¡Un cocodrilo!

2.
Bosque lluvioso.
Va y viene la oropéndola
tejiendo un nido.

3.
Lirios de agua.
Asoma la cabeza
una yacana.

4.
Árbol de lianas.
Dos guacamayos rojos
boca abajo.

5.
Noche en la selva.
Sobre la mosquitera
vuelan luciérnagas.

                                    © Verónica Aranda

lunes, 9 de febrero de 2015

Haikus con lluvia, reseña de José Luis Morante


                                                                           Foto: Alicia Andrés

HAIKUS CON LLUVIA

 (Reseña de Lluvias continuas. Ciento un haikus, Verónica Aranda, Polibea, Madrid, 2014)

    Nacida en Madrid en 1982, Verónica Aranda ha vivido en Italia y en Bélgica, donde cursó Bachillerato internacional en Bruselas. Es Licenciada en Filología Hispánica y realizó sus estudios de doctorado en Nueva Delhi, becada por el gobierno indio. Durante algún tiempo compagina la interpretación de fados con la escritura. Ha preparado traducciones al castellano desde el portugués y el nepalí.
   Su quehacer integra los títulos Poeta en India, Tatuaje, Alfama, Postal de olvido, Cortes de luz, Senda de sauces. 99 haikus, Café Hafa y Lluvias continuas. Ciento un haikus, entregas reconocidas con los premios Joaquín Benito de Lucas, Antonio Carvajal, José Agustín Goytisolo, Arte joven de la Comunidad de Madrid, un accésit del Adonais en 2009 y el Premio Antonio Oliver Belmas, entre otros. El sujeto verbal de Verónica Aranda tiene bajo su lecho una maleta disponible. La evocación y el recuerdo de itinerarios son rasgos principales en sus libros. Las vivencias retornan trasmutadas en secuencias que dejan una fuerte vinculación entre la intimidad y el paisaje. Los escenarios del fluir temporal perduran entre las palabras; los versos plasman un tiempo cuyos efectos expanden retazos de rostros, distancias y emociones. Son los ecos de una conciencia en vela, con el tono de voz de los regresos.
   La poeta ha empleado el haiku con frecuencia. Su afán creador conoce la singular impronta del haiku para dibujar el instante y dar brillo a la atmósfera fugaz de los elementos entrevistos. Así ha desarrollado una escritura de sensibilidad despierta, introspectiva y atenta al detalle, que alumbró títulos como 99 haikus (Madrid, 2011).
   En Lluvias continuas vuelve a las diecisiete sílabas y sortea algunos esquemas preconcebidos. El más resistente es el supuesto espíritu japonés, que obliga sin más a un intrusismo mimético. Es una especulación errónea y fácilmente desmontable: ni todos los haikus japoneses son iguales, ni los temas son únicos y ni siquiera cada voz se libra de la personal evolución en el tiempo.
   El poemario organiza su colecta de haikus en cinco franjas, cada una de las cuales lleva como epígrafe un sustantivo y se acoge al magisterio de un autor clásico. El primero, “Camino”, tras la estela de Taneda Santoka, se asoma a una travesía cuajada de elementos al paso: “Piñas caídas / donde empieza el camino. / Viento en los chopos “. De estos haikus procede el título: “Lluvias continuas. / Las primeras hortensias / han florecido “. Son textos que albergan intuiciones de una voz dispuesta a ser, sin buscar nada. En “Bosque” se contempla la naturaleza; el umbral es un haiku de Chiyo-ni, monja budista, de extrema precocidad que añade a la estrofa la mirada sentimental. El entorno cobija asombro, sacude con sus matices a quien participa de la belleza y convierte al sujeto en pálido reflejo de lo externo.
   “Aldea” aborda la vida comunitaria. La convivencia reparte quehaceres y las palabras plasman esa labor del otro o su mera presencia, ya sea en el taller, en las aceras, en el recinto solitario del jardín o junto a la madrasa.
   Arquetipo del magisterio clásico, el iniciador del haiku, Matsuo Basho abre el apartado “Montaña”.  El nombre esencial del haiku encarna al caminante que se desplaza de un sitio a otro sin dirección “porque cada día es un viaje y la casa misma es viaje”. En esta sección, Verónica Aranda se identifica con la vaga inquietd de un paisaje cambiante, hecho para enlazar pasos y vicisitudes.
   Cierra el libro “Mar” un breve muestrario con la presencia cercana del mar; este espacio de belleza y meditación inspira textos en los que también está presente el laboreo de los pescadores y el multiforme vitalismo acuático de peces, medusas, o cangrejos…
   Lluvias continuas propaga desde el haiku un ideal de belleza. Cobija la humildad de lo transitorio y da voz a una sensibilidad que antepone la imagen de las cosas a las cosas en sí. El sueño siempre es más valioso que lo real.




José Luis Morante
Blog “Puentes de papel”, 2/2/15

lunes, 12 de enero de 2015

Presentación en Madrid de "Un viejo estanque" (Antología de haiku en español)

 
Jueves, 15 de enero, a las 19:30h,  Presentación de la Antología de haiku contemporáneo en español: Un viejo estanque. Edición de Susana Benet y Frutos Soriano (Editorial Comares, 2013)
Librería Rafael Alberti, C/ Tutor, 57. Madrid
Participarán en la presentación ANDRÉS TRAPIELLO (editor), FRUTOS SORIANO y SUSANA BENET (antólogos). Leerán sus haikus EMILIO GAVILANES, ISABEL POSE, JAVIER SANCHO, JESÚS MUNÁRRIZ, JOSÉ CEREIJO, MANUEL DÍEZ, MERCEDES PÉREZ "KOTORI" Y VERÓNICA ARANDA.
 La intención de este proyecto, según los antólogos, “ha sido reunir una amplia muestra de haiku que cumpla con los principios del estilo tradicional japonés, tanto en su forma como en su contenido. En este sentido, se ha elegido un título que revela la intención de rendir un homenaje a la figura de Bashoo (quien dotó al haiku de su importancia como estrofa independiente), así como al haiku tradicional japonés.
Sin menospreciar aquellos tercetos a los que se les da categoría de haiku, se trata de acercar al lector a la esencia de este género y a los autores que actualmente lo cultivan sin apartarse de su estilo original.”
La antología, hasta ahora la más completa de haikus en lengua española (se incluyen también a autores hispanoamericanos), reúne a un total de 135 autores, tanto haijin (escritores de haikus) puros como poetas que también cultivan el haiku.
Os dejo unos “haikus indios”, incluidos en la antología:
 
Paraguas verde.
Debajo,
            una familia
cocina arroz.
 
 
Hilan los saris
en la calle con cerdos.
Basura y seda.
 
                            © Jesús Aguado
 
Lonja de Goa:
bajo un sol con avispas
las pescaderas.
 
Cesa el monzón
y en los charcos de lodo
nadan los niños.
                       
© Verónica Aranda
 
 

 
 

viernes, 2 de enero de 2015

Haikus de Año Nuevo


Os deseo un feliz 2015 desde Poesía Nómada. Mucha luz y viajes!


HAIKUS DE AÑO NUEVO

1.
Año Nuevo.
En el mar del verano
marea alta.

2.
Duerme en un árbol.
También es Año Nuevo
para el mendigo


                       Verónica Aranda


domingo, 28 de septiembre de 2014

Haigas de otoño





                                                           © Haikus: Verónica Aranda
                                                           De Senda de sauces, Amargord, 2011
   © Ilustraciones: Ángel Aragonés

miércoles, 11 de junio de 2014

Pájaros bajo la lluvia



El jueves, 12 de junio haremos una presentación conjunta de Melancolía y otros pájaros y Lluvias continuas, ciento un haikus, en Alcalá de Henares, dentro de la Tertulia de Espiral Atenea. Hablaremos de las correspondencias entre el haiku y el relato, y de los puntos en común de los dos libros. Partiremos del vínculo principal entre ambos, que es la melancolía, desde el sugerente título de Melancolía y otros pájaros, del libro de Alicia, donde la melancolía es asociada al color azul y tiene múltiples matices, actuando como un hilo conductor a lo largo de los relatos ante la impermanencia de las cosas. Y, por otro lado, la melancolía oriental que impregna los haikus, muy unida al término japonés wabi-sabi, que podría traducirse como nostálgica belleza, un sentido estético de comprensión del mundo basado en la fugacidad y en vivir la naturaleza en soledad.
 Os esperamos a las 20h en el café Corrala.

viernes, 30 de mayo de 2014

Reseña de Lluvias continuas por Nuria Ruiz de Viñaspre



                      
                                                    Ilustraciones interiores del libro: Ángel Aragonés

Pról. María Antonia Ortega. Polibea, Madrid, 2014. 82 pp. 10 €

El arte de la contemplación. Entre el asombro y el arrobamiento


                                                                           Nuria Ruiz de Viñaspre
En voz de María Antonia Ortega, el haiku es capaz de abrir una cadena o cordillera de nuevos horizontes en una casa excesivamente amueblada […] ¿existe este exceso en la casa de la Naturaleza?
En manos de la poeta Verónica Aranda y bajo unas deliciosas Lluvias continuas, esta casa se compone de un Camino que nos adentra en un Bosque y nos lleva a una Aldea traspasando la Montaña senderada desde donde contemplar al fin el Mar.
Mano unida a mano un-ida ama-no…

Camino/bosque/aldea/montaña/mar. Todos ellos paisajes dentro de la Naturaleza.
Pues esto es justo lo que hace Aranda. Abrir. Abrir la cremallera del camino en dos. Abrirnos la Naturaleza. Desabrochárnosla con sabia mano unida a mano.

Las hojas que caen sobre otras hojas / se unen. / La lluvia arrasa sobre otra lluvia.

Y así, con Kato Gyodai, se abre este lienzo plegado. La gota que colma el vaso y se une a otra gota. Porque lo análogo se une, pues es ya querencia de versos y moras. Así se abre este libro plegado. Aquí sus alas. Hojas que se pegan con cola a tu cuerpo. Al cuerpo desnudo. Al cuerpo despojado del cuerpo. Al mundo despojado del mundo. A partir de ahí, la esencia. La especia de la esencia. Y contradictoriamente al no-peso de estos versos haikuneados, Aranda demuestra en este libro un gran peso silábico. Y sus sílabas saben a moras —de saber y saborear—. Moras silábicas y moras nacidas como bayas de su bosque, sotobosque de racimos y ramas habitadas.
Un carromato
lleno de moras blancas.
Zumban las avispas.

No podemos dominar el mundo simbólico del lenguaje, es el lenguaje el que suele condicionarnos estando supeditados a él, pero en este libro, la poeta es libre, eminentemente libre y nos muestra con una aparente sencillez de la lengua una realidad más profunda y más amplia que transcurre bajo tierra. La visión más intuitiva de la realidad. Una realidad que discurre debajo de la tierra que hay debajo de la tierra de la realidad primera. Es el suyo un lenguaje sencillo, sí, pero muy trabajado, depurado, un lenguaje que atraviesa túneles para llegar al mundo de la contemplación. Aranda no impone en este libro, solo muestra. Comunica. Nos comunica.
En "Camino", Aranda se llena de junios y agostos estacionarios. Se estaciona. Se huele a polvo caliente. Un carromato que cruza. Ella se impregna del camino, no en el camino. Y lo hace de tal modo que se convierte sin saberlo en la propia senda. Es la senda la que nos habla y nos describe con una belleza prodigiosa lo que encuentra en sus orillas. Olores sabores tactos... Los cinco sentidos consentidos. Piñas viento chopos sandías manzanos ríos juncos juncos juncos. La vida nace a cada paso. La fruta cae pues la lluvia continua es la mayor parturienta del mundo. Viaje sin retorno donde ella es el viaje.
Atravesando
groselleros en flor
Luna de agosto.

En "Bosque", la poeta se introduce dentro de un bosque que está dentro de otro bosque. En su otoño dentro del verano. Humedad de helechos sin más hechos que el pasado del Camino. Peces, Hayas, Tilos, Libélulas y truchas que revolotean su ocaso primaveral.
Llega el otoño:
una rama del tilo
amarillea.

En "Aldea", el invierno nos guarece en las casas. Nos embolsa. Y es aquí donde nos muestra la profundidad que hay en la sencillez. Porque aquí todo cuelga. Sencillamente. Cuelgan los ganchos, las lunas, las dalias, cuelga el ocaso… En Aldea, que son todas las casas de Verónica —siendo la poeta un Ave de paso— hay pisadas en Indias, Marruecos y Lisboas ya vividas… Sus cartografíasinteriores (Siempre en camino. / Rastros de cien ciudades/ en mis sandalias.)
Día de invierno.
Del bolsillo del músico
cae una nuez.

En "Montaña", Aranda senderea. Nos trepa a cada paso. Escalones de superación personal. Ella va y viene como el eje de este libro. Como bailan todas sus estaciones. Es como un reloj de sol que gira sobre un mismo eje. Podríamos girar y girar y descubrir invierno donde cae el otoño y verano en primavera… Nada es más importante que nada. La esencia del despojo. Arremolinar el despojo. Tamizarlo para conservar el Ser primero.
Tren de montaña
Una mendiga come
ciruelas verdes.

Y "Mar", "Mar" bien podría ser en todo su conjunto una despedida a estos haikus. Porque el mar es al fin el descanso de sus manos.
Quietud austral:
en la isla reposan
los cormoranes.

Esencia. Cortar ideas. Imágenes. Sensaciones y sabores. Cortar. Cortar. Cortar. Cortar moras. Silábicas bayas. Yuxtaponer escenas como en una película de cine mudo (María Antonia Ortega). Estacionarse desnudo en una estación del año. Bajo la lluvia. Bajo una lluvia continua. La lluvia es el instrumento de medición de Aranda para trascurrir la vida. Las estaciones. La naturaleza. La lluvia es regeneradora y no se para. No se para. No se para. Despojarse de todas las ataduras. Filosofía budista que me trae a la memoria al tan leído, Krisnhamurti.
Si contemplar, que viene de la palabra griega theoría, significa ver, si contemplación es visión, es teoría, Verónica es poeta visionaria, epifánica a veces, manifestada y manifestando. Ella nos propone —si nos propusiera algo, pues ella es abandono en el núcleo natural de la vida—, nos propone, insisto, caminar. Solo Caminar. Caminar Solo. Nos lleva de la piel de la mano por sus recorridos a-solados. Solo el que conoce sin ojos el arte profundo de la contemplación sabe guiarnos más allá de nuestras miradas. Y Aranda tiene tal contacto místico con su Ser -en toda su existencia-, que macera versos inefables.
La poeta se estudia a sí misma. Y estudiarse a sí mismo es olvidarse de sí mismo. Ésa y no otra es la que nos llega. Verónica senderada y despojada de sí misma, desprendida, deja cuerpo y mente a un lado, piel al otro. Al centro, ella sin nada de esto. Un aquí y ahora. Por eso Aranda es la senda silenciosa. El sendero susurrado del agua. El asombro. Creo que es una de las poetas más coherentes con su filosofía de vida. Es la desembocadura pensante de cuanto siente. Es tierra aire agua y fuego también, pues como ya dijo Pizarnik: «El lenguaje silencioso engendra fuego. El silencio se propaga, el silencio es fuego».
Siempre me ha resultado interesante la doble lectura que ha de hacerse del haiku, tal y como lo hizo Verónica cuando expuso el libro. Y es que en la repetición está la clave. En la segunda lectura llega el re-asombro. Lees dos veces meditas dos veces miras dos veces el mundo. Te asombras dos veces. Re-generación del mundo.
Las líneas de Ángel Aragonés, que ilustra el libro junto a Fumie Ito con sus soberbios Ideogramas, se me antoja, o me lleva a las ilustraciones que hizo el francés Jean-Jacques Sempé en aquel bello libro de Patrick Süskind La historia del Señor Sommer.

                                                                         (Publicado en Culturamas, mayo de 2014)

sábado, 29 de marzo de 2014

Lluvias continuas (ciento un haikus), mi nuevo libro


Es el haiku como el cine mudo de la poesía.
Y a través de él cumple la poesía una de sus funciones esenciales que no es otra sino la de crear espacios vacíos, incluso en la vida social.
En el haiku siempre nos ha parecido que la ubicuidad del espacio desafía a la fugacidad del tiempo, sin embargo este libro es una cruz de espacio y tiempo, dado el carácter secuencial del paso del “monje albino” por alguno de sus poemas, remembranza del vagabundo, pero también de la stasis, en la que la condición del movimiento consiste precisamente en el “no moverse”, el reposo del cuerpo y una intensa vida interior, el éxtasis.
El haiku es siempre el destello del instante, pero también un punto de intersección sutilísimo entre Heráclito y Parménides, entre el hombre y la naturaleza, como los animales domésticos que acompañan al ser humano y que son un haiku vivo; entre la palabra perdurable y el silencio definitivo.
                                                                                                              © María Antonia Ortega
                                                                              (Fragmentos del prólogo a Lluvias continuas)
Días de julio:
junto al frambueso en flor
dormir al raso.
Por el sendero
caen agujas de pino.
Pasa un tejón.
Espino en flor.
La aldea de pizarra
deshabitada.
Campos de escarcha.
En el zurrón del nómada
su carta astral.
Un crematorio.
En el umbral tres niños
bailan peonzas.
© Verónica Aranda
De Lluvias continuas (ciento un haikus), Polibea, Madrid, 2014


domingo, 16 de marzo de 2014

Almendros en flor, cuatro haikus


                                                                               
                                                                              © Fotos: Isabel Erice
 
Pequeños rituales de pre-primavera: visitar la Quinta de los Molinos en Madrid. Aspirar la fragancia de los almendros en todo su esplendor. Sestear bajo sus flores. Un picnic con amigos entre las hileras de almendros y la mimosa en flor. Viajar a Japón desde la calle Alcalá y atrapar haikus al vuelo. Tan solo estar y respirar Belleza.
 
I
Enfermedad.
Espero el esplendor
de los almendros.
       II 
Revolotea,
entre almendros en flor,
el petirrojo.
III
Juegan dos locos,
entre hileras de almendros,
a las canicas.
         IV 
Vuelan cometas,
ajenos al aroma
de los almendros.
 
                        © Verónica Aranda

sábado, 21 de diciembre de 2013

Haikus invernales

           
                                                                  © Foto: Verónica Aranda
 
Solsticio de invierno, 21 de diciembre
 
 
         I
Atravesando
bosques de arbustos rojos
llego al glaciar.
 
             II
Campos de escarcha.
En el zurrón del nómada
su carta astral.
 
         III
Bajo la nieve
el zorro colorado
se desorienta.
 
      IV
Frío polar.
Las tortugas se apilan
formando torres.
 
        V
Día de invierno.
         Del bolsillo del músico          
         cae una nuez.
                    
                                      ©Verónica Aranda
 
 
 

 


viernes, 25 de octubre de 2013

Haikus de Gyôdai

                                                                                                    Hiroshigue



  
Kato Gyôdai (1732-1792)


Entrado el otoño, me sumerjo en la lectura y relectura de haikus. Hace poco descubrí a Kato Gyôdai, haijin discípulo de Buson. El estilo de Gyôdai tiene tintes impresionistas, una suave simplicidad, y las escenas cobran vida al llegar al lector, porque, al fin y al cabo, el haiku es la vida misma:



Al alba
soplan las ballenas
entre la espuma escarchada.
 
Las montañas del otoño.
Aquí y allá
humaredas se levantan.
 
Se oscurecen las flores,
pero absorbe a la luna
la peonía.
 
Apagado el altar del Buda,
el cuarto pertenece
a las muñecas


Las hojas que caen sobre otras hojas
se unen.
La lluvia arrasa sobre otra lluvia.
                      
                              Kato Gyôdai